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Sala de Prensa - Guía MSD de Asma

Ideas para artículos


Buenos Aires, 16 de mayo de 2007

El impacto debilitante del asma


El asma es una enfermedad capaz de provocar un notable empeoramiento en la calidad de vida, tanto en los pacientes adultos como en los niños. La notable disminución de la calidad de vida que provoca una limitación en las actividades cotidianas se da más frecuentemente si el paciente asmático no está bajo el tratamiento adecuado.

“Toso mucho mientras hago ejercicio”; “me falta el aire”; “cuando respiro emito un silbido”; “siento una opresión en el pecho”. Cualquiera de estas manifestaciones puede ser un indicio de que usted tiene asma , un trastorno inflamatorio crónico de la vía aérea. La enfermedad puede revelarse con alguno de estos síntomas o con varios.

Sin un tratamiento adecuado, el asma es una enfermedad que puede provocar un notable empeoramiento de la calidad de vida del paciente. Esta afección, que puede ser grave y discapacitante, es capaz de originar serios inconvenientes como hospitalizaciones o días de reposo en el hogar, con el consiguiente ausentismo laboral, ausentismo escolar en los niños y visitas imprevistas al médico.

Tanto en los adultos como en los niños, el asma puede provocar dificultad para conciliar el sueño como resultado de la tos y la falta de aire. En los niños, los principales síntomas del asma incluyen: silbidos al exhalar, tos, interrupción del sueño con tos y sibilancias, falta de aire y sensación de opresión en el pecho.

Los síntomas del asma pueden ser leves, moderados o severos. Algunas personas experimentan episodios de asma solamente con sibilancias; otras personas pueden toser cuando se exponen a algún desencadenante de la enfermedad (humo del tabaco, polen, entre otros); y a otros una crisis de asma puede dejarlos sin aire. A su vez, mientras algunos pacientes sólo tosen o silban cuando tienen un resfrío, otros silban cuando ejercitan, hiperventilan o respiran aire frío.

La calidad de vida se puede ver aún más afectada si el paciente asmático además presenta rinitis . Estos pacientes t ienen una incidencia mayor de exacerbaciones (crisis de asma), hospitalizaciones y visitas al médico, relacionadas con la enfermedad, y una mayor utilización de medicamentos de rescate en comparación con aquellos pacientes que presentan asma solamente.

En general, esta notable disminución de la calidad de vida, que provoca una limitación en las actividades cotidianas como el trabajo o la vida social, sólo se da si el paciente no está bien tratado. Según un estudio, al menos uno de cada seis atletas estadounidenses que participaron de los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 era asmático.

Un objetivo general del manejo de esta enfermedad es permitirles a los pacientes con asma llevar una vida completa, activa y productiva. Los síntomas deben ser controlados hasta volverlos mínimos o ausentes. Para conseguir este objetivo, es un requisito que tanto el paciente como el médico tomen un rol proactivo en el control de la enfermedad y la prevención de los síntomas (más que un rol reactivo en aliviar los síntomas agudos observados). Si son usados con regularidad, los tratamientos preventivos (de control a largo plazo) del asma son capaces de controlar la enfermedad.

Estar informado sobre los factores desencadenantes o disparadores del asma y el tratamiento resulta fundamental para evitar que los síntomas interfieran con las actividades del paciente. Es importante evitar los factores desencadenantes o disparadores , trabajar con el médico en un plan y tomar los medicamentos apropiados. El paciente y su médico deben trabajar juntos para impedir que el asma interfiera en la calidad de vida.

El manejo del asma incluye el uso de medicamentos apropiados para prevenir y controlar los síntomas y para reducir la inflamación de las vías respiratorias. Los medicamentos para el asma se categorizan en dos clases generales: de alivio inmediato y medicaciones de control de largo plazo.

El estudio PREVIA (Prevention of Virally Induced Asthma) , publicado en el American Journal of Respiratory, mostró que montelukast fue capaz de reducir en un 32 por ciento los ataques de asma desencadenados por el resfrío en niños de 2 a 5 años de edad comparado con placebo. Además, el medicamento fue muy bien tolerado y los eventos adversos observados durante todo el estudio fueron similares a los observados en el grupo placebo.

Una vía aérea: Entendiendo el asma


El asma es, una enfermedad inflamatoria crónica de la vía aérea. Los bronquios de una persona asmática se vuelven reactivos y más sensibles a varios factores desencadenantes de la enfermedad como, aire frío seco, y humo. Pero en el caso del asma, afortunadamente, esta obstrucción de la vía respiratoria es reversible con un tratamiento adecuado.

Aunque a veces son comparados con simples esponjas, los pulmones son en realidad bastante más complejos que muchos otros órganos del cuerpo humano. Para comprender el desarrollo del asma resulta útil conocer primero el funcionamiento de los pulmones y el aparato respiratorio humano en general.

Durante la última época, el entendimiento de la fisiopatología del asma -sus causas , procesos y desarrollo- ha evolucionado notablemente. Ahora sabemos que el asma es, ante todo, una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas . Es decir que las personas con asma tienen la vía aérea inflamada.

Esta inflamación primaria causa dos síntomas secundarios:

Los bronquios, las ramas principales de la vía aérea que conducen a los pulmones, se vuelven más reactivos y más sensibles a varios factores desencadenantes del asma como, aire frío seco, y humo.

En términos mecánicos, los pulmones pueden ser descritos como el sitio de intercambio de gas. El oxígeno -el combustible que todas las células y los órganos de nuestro cuerpo necesitan para funcionar- es extraído allí del aire que inhalamos y liberado en el torrente sanguíneo para ser distribuido a otros órganos y tejidos. Con cada exhalación, eliminamos dióxido de carbono, que es el subproducto de nuestros procesos corporales. Los pulmones liberan a la sangre de su carga de “ basura” y devuelven por la vena pulmonar un torrente sanguíneo limpio y rico de oxígeno al corazón.

Una vez que el aire ingresa en nuestro cuerpo a través de la nariz y la boca, pasa por la garganta (faringe) hacia el interior de una serie de “tubos” que comienzan en la cavidad de los órganos de fonación (laringe) y la tráquea. Luego , el aire pasa por los dos bronquios principales, uno para cada pulmón. Los bronquios principales, derecho e izquierdo, se dividen a su vez en ramificaciones cada vez más pequeñas (bronquiolos) que se introducen profundamente en los pulmones. Los bronquiolos son los encargados de transportar el aire dentro y fuera de los sacos de aire (alvéolos). Allí se produce el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono.

El asma es una condición que afecta esos tubos que llevan el aire hacia dentro y fuera de los pulmones. El sistema inmune cree erróneamente que determinadas sustancias son peligrosas y libera elementos inflamatorios como las citoquinas, histamina o los leucotrienos, que generan síntomas . El asmático tiene casi siempre sus vías aéreas sensibles e inflamadas. Y cuando entra en contacto con algo a lo que es alérgico o que irrita su sistema respiratorio (un factor desencadenante o disparador ), sus vías aéreas se vuelven más estrechas, dificultando la respiración. Los músculos alrededor de las paredes de sus vías aéreas se tensan y el revestimiento interno de las vías se inflama y comienza a hincharse. Usualmente se produce una mucosidad viscosa o flema. Esto provoca la manifestación inmediata de los síntomas de la enfermedad.

Pero en el caso del asma, afortunadamente, la obstrucción de la vía respiratoria es generalmente reversible. La prevención y un tratamiento adecuado para cada caso son las claves para llevar una vida prácticamente normal.

El reto de controlar el asma infantil


Tratamientos y Contraindicaciones

Con un buen diagnóstico, un plan de acción y la guía de padres y cuidadores, los niños con asma pueden tener una vida más normal. En la administración de medicamentos a un niño hay que tener en cuenta dos aspectos fundamentales: que la terapia sea bien tolerada y que su aplicación facilite la adherencia al tratamiento. Las claves son la educación y el compromiso, tanto de los padres como del niño.

Si un niño emite un silbido al exhalar, se cansa fácilmente cuando juega al fútbol o tiene tos persistente, es posible que tenga asma, una de las enfermedades crónicas más comunes de la infancia. Sólo en Estados Unidos, esta afección afecta a 9 millones de niños. Y en Gran Bretaña, uno de cada 10 niños es asmático.

Los niños con asma tosen, tienen sibilancias y experimentan sensación opresiva en el pecho y falta de aire. Pero muchas veces, una tos crónica puede ser el único síntoma de asma. Los niños con enfermedad de la vía aérea reactiva, bronquitis recurrente o bronquitis sibilante probablemente tengan asma. En general, los síntomas se desarrollan antes de los cinco años.

Si bien no existen indicadores claros para predecir quién desarrollará asma, algunos estudios han mostrado que los factores asociados con el comienzo de los síntomas en los niños incluyen:

1) sibilancias con infecciones respiratorias virales superiores,

2) alergia,

3) antecedentes familiares de asma y/o alergia, exposición perinatal al humo de tabaco y alergenos.

El asma es una afección seria porque afecta la capacidad de respirar y oxigenar la sangre. Pero con un buen diagnóstico , un plan de acción y la guía de padres y cuidadores, los niños con asma pueden tener una vida muy similar a la de un amigo sin la enfermedad. Las claves son la educación y el compromiso, tanto de los padres como del niño.

Como la administración de medicamentos a un niño casi nunca es fácil, hay que tener en cuenta dos aspectos: deben ser bien tolerados y que la administración y la formulación faciliten la adherencia al tratamiento.

Existen dos tipos de medicamentos :

• De rescate : se usan en crisis severas para aliviar rápidamente los síntomas (como los agonistas ß2 de acción corta).

• De control: ayudan a reducir los síntomas y el número de exacerbaciones (antagonistas de los receptores de leucotrienos, corticosteroides inhalatorios, corticosteroides orales y agonistas ß2 de acción prolongada).

Un manejo del asma pediátrica que aumente la adherencia al tratamiento ayudará a mejorar el cuidado del paciente en el largo plazo. Hasta el medicamento más eficaz, si no es utilizado correctamente, no es exitoso para el tratamiento”, indica e l estudio “Real World” , publicado en la revista Annals of Allergy, Asthma & Inmunollogy.

Los resultados de dicho estudio, que puso a prueba la eficacia de los medicamentos de control diarios en niños con asma leve o persistente, revelaron que no existió diferencia en la eficacia del tratamiento entre corticosteroides inhalatorios y montelukast, pero que hubo una adherencia mucho mayor con la terapia oral.

Hasta ahora, ninguno de los medicamentos que actúan sobre la inflamación bronquial había demostrado su eficacia para tratar episodios asmáticos relacionados con el resfrío en un análisis a gran escala.

Un estudio reciente con montelukast reveló que el medicamento es eficaz en la reducción de los ataques de asma desencadenados por el resfrío en niños menores de 5 años. El estudio PREVIA ( Prevention of Virally Induced Asthma), publicado en el American Journal of Respiratory Critical Care Medicine, incluyó a más de 500 niños de entre 2 y 5 años con antecedentes de síntomas de asma leve desencadenados por el resfrío.

Sus resultados revelaron que montelukast logró reducir en un 32 por ciento los ataques de asma desencadenados por el resfrío en esta población. Además, consiguió reducir los ataques de asma y los días libres de la enfermedad significativamente en comparación con el grupo que recibió placebo.

Los resultados mostraron también que montelukast disminuyó la tasa global del uso de corticosteroides (orales o inhalatorios) en el 32 por ciento. El medicamento fue muy bien tolerado.( en general, los eventos adversos observados durante el estudio fueron similares tanto en el grupo de niños que recibió montelukast como en el de placebo.)

Importancia de la adherencia al tratamiento


La mayor causa de fracaso en el control del asma es la falta de adherencia al tratamiento. Manejar la enfermedad es un desafío que exige educación, comunicación y trabajo entre pacientes y médicos. A la hora de evaluar los tratamientos es fundamental considerar su perfil de tolerabilidad . Por más eficaz que sea un medicamento, si no es utilizado correctamente no es exitoso para el tratamiento .

La forma más efectiva de prevenir los ataques de asma es identificar y evitar los factores desencadenantes de la enfermedad. Algo simple de decir pero no tan fácil de cumplir, ya que son miles los irritantes que circulan en el ambiente y son capaces de desencadenar las crisis asmáticas . Afortunadamente, el asma es hoy una enfermedad totalmente tratable, cuyos síntomas pueden controlarse. Pero la falta de adherencia al tratamiento es, actualmente, la mayor causa de fracaso en el control del asma. Se estima que las tasas de adherencia a los tratamientos de control del asma rondan el 50 por ciento. El fracaso en la adherencia al tratamiento, sumado a una baja conciencia de la severidad del problema, puede conducir a muertes, que ocurren en su mayoría fuera del hospital.

Manejar la enfermedad es un desafío que exige una gran comunicación y un intenso trabajo entre pacientes y médicos. Algunas conductas importantes son:

• Desarrollar un plan de acción para controlar la toma de medicamentos y manejar una crisis. El asma necesita vigilancia y tratamiento.

• Vigilar regularmente la función ventilatoria con un medidor de flujo máximo.

• Tratar las crisis en forma temprana para evitar una crisis severa.

El tratamiento del asma se enfoca en la restauración de los valores normales de ventilación pulmonar y en la prevención de síntomas agudos. Las recomendaciones no son complejas y tienen una eficacia probada, pero para algunos pacientes son difíciles de cumplir. La educación es clave para lograr un compromiso con el tratamiento.

Las medicinas para el asma actúan manteniendo abiertas las vías aéreas hacia los pulmones. Hay dos grupos:

• Broncodilatadores : ayudan a tratar las crisis de asma. Relajan los músculos de la vía aérea, facilitando la ventilación.

• Antiinflamatorios : ayudan a controlar la inflamación de la vía aérea y a disminuir la mucosidad, evitando crisis de asma.

Estas medicinas se venden bajo distintas marcas el medicamento y la(s) forma(s), el médico elige la(s) más adecuada(s) para cada paciente. A la hora de evaluar los tratamientos es importante considerar su tolerabilidad (vinculada a los efectos adversos) y su tolerancia (necesidad de aumentar la dosis para que siga haciendo efecto). Un trabajo científico publicado por los doctores Shelley Salpeter y Edwin Salpeter , en el American College of Physicians que analizó 22 estudios realizados con beta dos agonistas contra placebo reveló que “el uso regular de agonistas beta dos durante por lo menos una semana en pacientes con asma, produce tolerancia a los efectos broncodilatadores y no broncodilatadores del fármaco y puede estar asociado con un control más pobre de la enfermedad en comparación con placebo”.

Otro trabajo, publicado por el doctor Robert Fink en la revista Pediatric Pulmonology , subraya estos factores a considerarse en el abordaje terapéutico de un paciente con asma : “ la eficacia del tratamiento, la severidad del problema, la edad del paciente, los posibles efectos secundarios del tratamiento, la forma de administración y la educación del paciente y su familia. Es importante tener en cuenta que la eficacia real de un tratamiento depende de manera decisiva de que el paciente lo cumpla adecuadamente”.

Por su parte, el estudio " Real World ", que evaluó la eficacia de los medicamentos de control diarios en niños con asma leve persistente, mostró que hasta el medicamento más eficaz, si no es utilizado correctamente, no es exitoso para el tratamiento” . Los datos, publicados en Annals of Allergy, Asthma & Inmunollogy, revelaron que no existió diferencia en la eficacia del tratamiento con corticosteroides inhalatorios y montelukast, pero que hubo una adherencia mayor con la terapia oral.

Y el estudio PREVIA (Prevention of Virally Induced Asthma), publicado en el American Journal of Respiratory, mostró que montelukast es capaz de reducir en un 32 por ciento los ataques de asma desencadenados por el resfrío en niños de 2 a 5 años de edad. Según el informe, el principio activo fue muy bien tolerado y los eventos adversos observados fueron, en general, similares tanto en el grupo de niños que recibieron montelukast como en el de placebo. Esto confirma su excelente perfil de tolerabilidad.

Cómo detectar y prevenir crisis de asma


Frente a una crisis de asma o “exacerbación”, el asmático sufre “ahogo”, disnea, tos o una sensación opresiva en el pecho. Algunos ataques duran minutos y otros pueden prolongarse por horas. En combinación con un uso correcto de las medicinas, u na clave para ayudar a disminuir los riesgos de una exacerbación es conocer los factores desencadenantes que provocan los síntomas del asma. Esa es una forma simple y efectiva de evitar crisis asmáticas.

El mayor problema con el asma es el desconocimiento. En la actualidad, esta enfermedad caracterizada por la inflamación de las vías aéreas puede ser tratada con medicamentos eficaces y, bajo el tratamiento adecuado, los pacientes pueden mejorar considerablemente su calidad de vida. Pero frente al desconocimiento, es imposible prevenir o tratar adecuadamente el asma. Si los síntomas de la enfermedad empeoran paulatinamente, es importante no ignorarlos. En general, la utilización de los medicamentos para aliviar los síntomas es suficiente para que el asma vuelva a estar bajo control. Pero a veces los síntomas son más severos y es necesaria una acción más urgente.

Cuando un asmático sufre una crisis asmática ocurren cambios en su vía aérea que provocan dificultad para respirar. El problema es que la vía aérea se estrecha debido a que las células de los conductos aéreos producen más mucosidad que la normal y al ser muy espesa tiende a obstruirlos. Los conductos se inflaman y se contraen los músculos.

Las crisis de asma no se desarrollan siempre de la misma manera, variando en intensidad y frecuencia. Para algunos, la “exacerbación” empieza de repente al experimentar respiración sibilante, tos y ahogo. Para otros, en cambio, el proceso comienza lentamente con síntomas que se agravan en forma gradual. Contrariamente a la creencia de la mayoría de las personas, los silbidos no siempre se manifiestan; el síntoma más común del asma es la tos. La crisis puede durar minutos o prolongarse por horas y el mismo puede ser severo, moderado o leve. Algunas personas asmáticas pueden no presentar síntomas la mayor parte del tiempo y tener sólo breves y ocasionales episodios de ahogo. Mientras que otras personas con asma tosen y tienen silbidos casi en forma permanente y sufren exacerbaciones graves luego de la exposición a un alergeno , un irritante o después de una infección viral.

Los alergenos relacionados con asma varían de acuerdo a cada persona. Entre más frecuentes se encuentran las sustancias como el polen, los ácaros, el moho, ciertas excreciones de los animales y las cucarachas. Pero también existen ciertos irritantes capaces de desencadenar una crisis en algunas personas. Entre ellos se encuentran: el humo, los gases y vapores, los olores o aerosoles muy fuertes y otras partículas en la atmósfera como la tiza. Además , se reconocen otros factores como las infecciones virales, el ejercicio físico, ciertos cambios climáticos, situaciones de estrés o emociones fuertes, el reflujo gástrico, y hasta determinados medicamentos.

El paciente puede minimizar las crisis conociendo aquellos alergenos y factores desencadenantes que generan síntomas y provocan una exacerbación de la enfermedad. La clave, justamente, reside en evitar aquellos alergenos y factores desencadenantes. Según el Centro para el Control y prevención de las Enfermedad de Estados Unidos (CDC), ésta es la mejor manera de confeccionar un plan eficaz para controlar la enfermedad y prevenir los ataques, en combinación con un uso correcto de las medicinas prescritas por el especialista. Por eso los especialistas subrayan la importancia del trabajo conjunto entre el paciente y el médico para controlar y vigilar continuamente el asma, para así obtener un plan exitoso. Asimismo, explican que educar a las personas con asma y a los padres de niños con dicha afección constituye una parte principal del control de la enfermedad.

Asma y rinitis alérgica: Dos condiciones, una vía aérea


Alrededor del 80 por ciento de los adultos asmáticos también sufre de rinitis alérgica. Ambas condiciones comparten un mecanismo similar: el sistema inmune cree erróneamente que determinadas sustancias son peligrosas y libera elementos inflamatorios como la histamina o los leucotrienos, que ayudan a generar síntomas. Por eso, los medicamentos que bloquean los leucotrienos y la histamina resultan efectivos para controlar los síntomas de las dos condiciones.

El asma suele presentarse asociada a otra enfermedad: la rinitis alérgica (también conocida como “fiebre del heno”). La rinitis es la forma más común en que se manifiesta la alergia (una reacción a ciertos factores alergénicos presentes en el medio ambiente como los ácaros, el polen y las cucarachas, entre otros), y se estima que el 80 por ciento de los adultos asmáticos también sufre de dicha alteración.

Los síntomas que se presentan son: inflamación crónica de la mucosa de las fosas nasales y de los senos paranasales, afectando la vía aérea. Quienes padecen esta afección suelen presentar estornudos, secreción nasal acuosa, comezón y congestión nasal. También se asocia con el lagrimeo y enrojecimiento de los ojos. Estos síntomas suelen intensificarse durante la temporada estival, donde los factores alergénicos se incrementan.

Una encuesta presentada por la Federación Europea de Asma y la Asociación de Pacientes con Enfermedades Respiratorias evidenció la estrecha relación entre asma y rinitis. Casi el 80 por ciento de los pacientes que participaron de la misma manifestaron experimentar un incremento de los síntomas de su asma por causa de la rinitis. Y más de la mitad de los encuestados reconoció evitar las salidas al aire libre durante la estación “alérgica” para evitar el empeoramiento de su enfermedad.

El mecanismo de las reacciones alérgicas en rinitis y del asma son similares: el sistema inmune reconoce equivocadamente determinadas sustancias como peligrosas, por lo que libera elementos inflamatorios como la histamina y los leucotrienos que generan síntomas como silbidos o estornudos. Tanto la rinitis alérgica como el asma pueden ser desencadenadas por varios de los mismos alérgenos (polen de los árboles, gramíneas). Y en ambas condiciones el aumento en la producción de leucotrienos juega un rol importante en la aparición de los síntomas. Al actuar bloqueando la producción de leucotrienos, montelukast resulta efectivo en el tratamiento de los síntomas del asma y de la rinitis alérgica.

La eficacia de montelukast en el alivio de los síntomas de la rinitis alérgica fue evaluada en un estudio clínico que incluyó a 1,302 pacientes de entre 15 a 81 años de edad con antecedentes de rinitis alérgica estacional. Los resultados mostraron que los pacientes tratados con montelukast experimentaron menos síntomas durante el día (menor congestión nasal, menor secreción nasal, menos estornudos, menos prurito nasal y menos síntomas oculares); y durante la noche (menos dificultad para conciliar el sueño, menos despertares nocturnos, menos congestión al levantarse), que el grupo que recibió placebo.

Este tipo de patologías están lejos de decrecer. En las últimas tres décadas, se ha evidenciado en todo el mundo un aumento progresivo adquiriendo características epidémicas, y se estima que en los países industrializados los casos se duplicarán para el año 2020.

Asma en la escuela


Durante el ciclo escolar, los niños asmáticos tienen el desafío de controlar su enfermedad. Los síntomas del asma pueden dificultar la concentración y reducir la habilidad deportiva. Por eso es importante adoptar ciertas medidas simples para evitar los factores desencadenantes del asma y la alergia y así mantener la calidad de vida en el ámbito escolar.

Además de los ejercicios de matemática, las pruebas de ortografía y las clases de historia, los niños que sufren asma y alergias tienen el desafío extra, durante el período escolar, de controlar su enfermedad en el aula, el recreo y las clases de gimnasia. Estos desafíos van desde manejar los síntomas que reducen la habilidad para participar de actividades deportivas o las reacciones severas ante ciertos alimentos o picaduras de insectos.

La encuesta “Una vía aérea” (“One Airway Survey”), que analizó el impacto de la rinitis alérgica en la vida de 1,619 encuestados, reveló que el 71 por ciento de los pacientes tenía problemas de concentración en el trabajo o la escuela. Según los expertos, la educación sobre el asma en los colegios es particularmente importante, más si tenemos en cuenta que esta enfermedad es la principal causa de ausentismo escolar entre las enfermedades crónicas.

Además, una investigación reciente reveló que el comienzo del colegio está asociado con un marcado incremento de las visitas al departamento de urgencias vinculadas al asma. Los autores creen que al ser más frecuentes las infecciones respiratorias por rinovirus en el final del verano y el comienzo de otoño, la exposición a dicho virus en el aula podría ser responsable de algunos de los casos de asma. El estrés por comenzar el colegio y la exposición a los irritantes interiores también podría incidir.

Considerando la cantidad de tiempo que los niños pasan fuera de su casa cuando asisten al colegio y la incidencia de las alergias y el asma (más de 9 millones de niños menores de 18 en Estados Unidos sufren estas afecciones), resulta esencial el trabajo en conjunto de padres, maestros, médicos y pacientes.

Estos son algunos pasos útiles para reducir los potenciales alergenos que pueden afectar a su hijo en el colegio:

  • Reunirse con maestros, entrenadores y personal médico del colegio para hablar sobre la condición de su hijo.
  • Verificar que haya un “Plan de Acción” a fin de saber cómo actuar frente a una posible crisis de su hijo.
  • Trabajar en conjunto con su médico para asegurarse de que los medicamentos estén siendo beneficiosos.
  • Hablar con su hijo y repasar cuáles son los factores desencadenantes de los síntomas de alergia o asma. Alentarlo a que pida ayuda al maestro cuando los síntomas empeoran.
  • Pedirle a su médico que complete un “Plan de Acción” contra los alimentos que le provocan alergia a su hijo.
  • Informar al personal de la cafetería del colegio y a los maestros qué comidas debe evitar y sugerir alternativas seguras. Lo ideal es que su hijo lleve su propia comida.
  • Informar a los profesores de educación física sobre la enfermedad y sobre cómo actuar frente a una crisis de asma.
  • Verificar que su hijo lleve al colegio sus medicamentos y su medidor de flujo máximo.

A su vez, la educación y concienciación del asma en la escuela debe ir acompañada de modificaciones del ambiente escolar. Las escuelas pueden tomar ciertas medidas muy importantes para mantener el aire limpio, beneficiando a los niños asmáticos y también al resto. Afortunadamente, existen ciertas medidas simples para evitar los factores desencadenantes del asma y la alergia y así mantener una buena calidad de vida.

Estas medidas son:

  • Reducir el polvo ambiental: para evitar la presencia de ácaros , insectos diminutos presentes en el polvo que se acumula en el hogar. Utilizar trapos húmedos (nunca secos) para limpiar.
  • Mantener la escuela seca: el moho es uno de los mayores desencadenantes del asma. La humedad y el agua estancada favorecen el desarrollo de moho.
  • No permitir mascotas en el aula: una proteína presente en la saliva, la caspa, y en la orina de los animales con pelo y sus excrementos provocan muchos ataques de asma.
  • Mantener las plagas fuera del colegio: las cucarachas y los roedores provocan muchos ataques de asma. Es fundamental mantener la escuela limpia y sellar grietas y agujeros. No hay que usar pesticidas (tienen productos químicos que pueden desencadenar ataques). Lo ideal: trampas y limpieza con agua y jabón.
  • No fumar: el humo del tabaco es uno de los mayores desencadenantes de asma, por eso es importante mantenerlo fuera de todas las áreas de la escuela.
  • No usar productos con olor penetrante o emanaciones: algunos tipos de pinturas y ciertos productos de limpieza liberan emanaciones capaces de desencadenar crisis de asma.

Cada niño deberá seguramente seguir algunos pasos específicos para controlar su asma. Pero estas medidas convertirán la escuela en un lugar más seguro, eliminando los factores desencadenantes del asma y mejorando así la calidad del aire para todos.



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