SECCION 1 >
FUNDAMENTOS
CAPITULO 3
El envejecimiento
La expectativa
de vida en los países desarrollados ha aumentado de forma notable.
Por ejemplo, un niño nacido en 1900 tenía una esperanza
de vida de sólo 46 años, mientras que uno nacido hoy en
día probablemente vivirá más de 72 años.
Una niña nacida en 1900 tenía una esperanza de vida de
48 años, mientras que en la actualidad
sería de unos 79 años.
Si bien es significativo
el aumento en el promedio de la expectativa de vida, es muy poco el
cambio registrado en el límite máximo de edad que se puede
alcanzar. A pesar de los avances en genética y en medicina, nadie
parece haber conseguido superar el límite de los 120 años.
Teorías del envejecimiento
Todas las especies envejecen
y experimentan notables cambios desde su nacimiento hasta la muerte.
A partir de esta evidencia la ciencia propone diversas teorías
sobre las causas del envejecimiento, aunque ninguna ha sido comprobada.
A fin de cuentas, de cada teoría se pueden extraer algunas de
las causas por las cuales la gente envejece y muere.
Según
la teoría de la senectud programada, los genes predeterminan
la velocidad del envejecimiento de una especie porque contienen la información
sobre cuánto tiempo vivirán las células. A medida
que éstas mueren, los órganos
comienzan
a funcionar mal y con el tiempo no pueden mantener las funciones biológicas
necesarias para que el individuo siga viviendo. La senectud programada
contribuye a la conservación de la especie ya que los miembros
más viejos mueren a la velocidad requerida para dejar paso
a los jóvenes.
Por otro lado, la teoría
de los radicales libres expone que la causa del envejecimiento de las
células es el resultado de las alteraciones acumuladas debido
a las continuas reacciones químicas que se producen en su interior.
Durante estas reacciones se producen los radicales libres, sustancias
tóxicas que acaban dañando las células y causan
el envejecimiento.
La gravedad de la afección
aumenta con la edad, hasta que varias células no pueden funcionar
normalmente o se destruyen y, cuando esto ocurre, el organismo muere.
Las distintas especies envejecen a un ritmo diferente según la
producción y la respuesta por parte de las células a los
radicales libres.
Cambios corporales
Con
la edad cambian varios aspectos perceptibles en el cuerpo humano. Tal
vez, la primera indicación de envejecimiento aparece cuando el
ojo enfoca con dificultad los objetos cercanos (presbicia).
La lectura sin usar lentes resulta en general
difícil para mucha gente hacia los 40 años. La capacidad
auditiva también cambia con la edad, siendo frecuente la pérdida
de cierta capacidad para oír los tonos más agudos (hipoacusia).
De ahí que las personas mayores pueden
considerar que la música del violín ya no suena tan emocionante
como cuando eran jóvenes; también, al no percibir la tonalidad
aguda de la mayor parte de las consonantes cerradas, pueden pensar que
los demás están murmurando.En
la mayoría de los individuos la proporción
de grasa corporal aumenta con la edad en más del 30 por ciento.
Su distribución también varía. En efecto, hay menos
grasa bajo la piel y más en la zona abdominal y en consecuencia
la piel se vuelve más fina, arrugada y frágil, y también
cambia la forma del cuerpo.
Por ello, no es sorprendente
que disminuyan con la edad casi todas de las funciones internas, cuyo
pico máximo de eficacia se sitúa en la franja de los treinta
años. A partir de esa edad se inicia un descenso gradual pero
continuo. A pesar de esta pérdida, la mayoría de las funciones
continúan siendo adecuadas durante el resto de la vida porque
la capacidad funcional de casi todos los órganos es superior
a la que el cuerpo necesita (reserva funcional).
Por ejemplo, aunque
se destruya la mitad del hígado, el tejido hepático restante
es suficiente para mantener un funcionamiento normal. Por lo general,
son las enfermedades, más que el envejecimiento normal, las que
explican la pérdida de la capacidad funcional en la vejez. Aun
así, el decaimiento de las funciones incide en la predisposición
de los ancianos a sufrir los efectos adversos de los fármacos,
los cambios ambientales, el efecto de las sustancias tóxicas
y las enfermedades.
Aunque la calidad de
vida se altera poco con el decaimiento de las funciones de algunos órganos,
el deterioro de ciertos órganos puede afectar seriamente a la
salud y al bienestar.
Por ejemplo, en la
vejez la cantidad de sangre que el corazón puede bombear cuando
el cuerpo está en reposo no se reduce demasiado; en cambio cuando
el esfuerzo es máximo, la disminución que se produce es
significativa. Esto supone que los atletas mayores no serán capaces
de competir con los atletas más jóvenes.
Por otra parte, los
cambios en el funcionamiento del riñón pueden afectar
gravemente la capacidad de las personas mayores para eliminar ciertos
fármacos del organismo.
En general, es muy
difícil determinar cuáles son los cambios que se relacionan
con el envejecimiento y cuáles dependen del estilo de vida que
haya llevado cada individuo. Varios órganos pueden sufrir daños
en un grado mucho mayor que el causado por el envejecimiento, como en
el caso de las personas que llevan un estilo de vida sedentario, una
dieta inadecuada, que fuman y abusan del alcohol y de las drogas. Los
individuos expuestos a sustancias tóxicas pueden experimentar
un decaimiento más marcado o más rápido en algunos
órganos, especialmente los riñones, los pulmones y el
hígado. Los individuos que han trabajado en ambientes ruidosos
tendrán más probabilidades de perder la capacidad auditiva.
Algunos cambios se pueden prevenir si se adopta un estilo de vida más
saludable. Por ejemplo, dejar de fumar a cualquier edad, incluso a los
80 años, mejora el funcionamiento de los pulmones y disminuye
las probabilidades de un cáncer del pulmón. Y, a cualquier
edad, la actividad física ayuda a mantener en forma los músculos
y los huesos.

Consecuencias de las enfermedades
La geriatría
es la especialidad médica que se ocupa de las personas de edad
avanzada y de las enfermedades que padecen, y la gerontología
es el estudio del envejecimiento. No existe una edad específica
que convierta al individuo en "anciano", aunque ésta
se establezca frecuentemente en 65 años, debido a que es la edad
habitual de la jubilación. Ciertas enfermedades,
denominadas algunas veces síndromes geriátricos o enfermedades
geriátricas, se presentan casi exclusivamente en adultos de edad
avanzada. En cambio, otros trastornos afectan a los individuos de cualquier
edad, aunque en la vejez sean más frecuentes o más graves,
o puedan causar diferentes síntomas o complicaciones.
Las personas
mayores padecen la
enfermedad de una manera diferente de los adultos más jóvenes,
e incluso pueden tener síntomas distintos. Por ejemplo, la disminución
de la función tiroidea causa en general un aumento de peso y
una sensación de pereza en las personas más jóvenes.
En los mayores el hipotiroidismo puede además provocar confusión,
que por error se puede considerar como demencia. Por el contrario, una
glándula tiroides hiperactiva a menudo provoca inquietud y pérdida
de peso en los jóvenes; pero en los mayores es causa de somnolencia,
introversión, depresión y confusión. En el adulto
joven, la depresión aumenta la propensión al llanto, la
introversión y la tristeza. Sin embargo, en las personas de edad
avanzada la depresión puede causar confusión, pérdida
de la memoria y apatía, síntomas que pueden interpretarse
por error como los de la demencia. El fallecimiento de la gente mayor
ya no se produce por afecciones agudas como un infarto cardíaco,
una fractura de cadera o una neumonía. Hoy en día se pueden
tratar y controlar estas enfermedades aunque sean incurables.
Una afección
crónica no implica necesariamente la invalidez; de hecho, muchos
pacientes pueden seguir con sus actividades y no depender de los demás
a pesar de tener diabetes, alteraciones renales, enfermedades del corazón
y otras enfermedades crónicas.
Los factores socioeconómicos
modifican con frecuencia la forma en que las personas mayores buscan
y reciben cuidados; a menudo tienden a ocultar los problemas cuando
son poco importantes; tampoco solicitan atención médica
hasta que los trastornos se vuelven más graves.
En la edad avanzada,
se tiende además a padecer más de una enfermedad a la
vez, y cada enfermedad puede influir en las otras. Por ejemplo, la depresión
puede empeorar la demencia y la diabetes puede agravar una infección.
También es
frecuente que, debido a los factores sociológicos, las enfermedades
se compliquen en las personas de edad avanzada. Este grupo de personas
puede deprimirse si la afección implica una pérdida de
independencia temporal o permanente y, en consecuencia, necesitan atención
por parte de los servicios sociales, al igual que ayuda psicológica.
De ahí que los geriatras recomienden con frecuencia los tratamientos
multidisciplinares bajo la dirección de un médico principal,
quien a su vez cuenta con la colaboración de un equipo de personal
sanitario compuesto de médicos, enfermeras, asistentes sociales,
terapeutas, farmacéuticos y psicólogos, los cuales planifican
y aplican el tratamiento
correspondiente.