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TRASTORNOS DE LOS HUESOS, LAS ARTICULACIONES Y LOS MUSCULOS
CAPITULO 50
Artrosis
La artrosis (artritis degenerativa,
enfermedad degenerativa de las articulaciones) es un trastorno crónico
de las articulaciones caracterizado por la degeneración del cartílago
y del hueso adyacente, que puede causar dolor articulatorio y rigidez.
La artrosis, el trastorno articulatorio más
frecuente, afecta en algún grado a muchas personas alrededor
de los 70 años de edad, tanto varones como mujeres. Sin embargo,
la enfermedad tiende a desarrollarse en los varones a una edad más
temprana. La artrosis también puede aparecer en casi todos los
vertebrados, incluyendo peces, anfibios y aves. Los animales acuáticos
como los delfines y las ballenas pueden padecer artrosis, sin embargo,
ésta no afecta a ninguno de los dos tipos de animales que permanecen
colgados con la cabeza hacia abajo, los murciélagos y los perezosos.
La enfermedad está tan ampliamente difundida en el reino animal
que algunos médicos piensan que puede haber evolucionado a partir
de un antiguo método de reparación del cartílago.
Persisten todavía muchos mitos sobre la artrosis,
por ejemplo, que es un rasgo inevitable de la vejez, como los cabellos
grises y los cambios en la piel; que conduce a discapacidades mínimas
y que su tratamiento no es eficaz. Aunque la artrosis es más
frecuente en personas de edad, su causa no es el simple deterioro que
conlleva el envejecimiento. La mayoría de los afectados por esta
enfermedad, especialmente los más jóvenes, presentan pocos
síntomas o ninguno; sin embargo, algunas personas mayores desarrollan
discapacidades significativas.
Causas
Las articulaciones tienen un nivel tan escaso
de fricción que no se desgastan, salvo si se utilizan excesivamente
o sufren lesiones. Es probable que la artrosis se inicie con una anormalidad
de las células que sintetizan los componentes del cartílago,
como colágeno (una proteína resistente y fibrosa del tejido
conectivo) y proteoglicanos (sustancias que dan elasticidad al cartílago).
El cartílago puede crecer demasiado, pero finalmente se vuelve
más delgado y se producen grietas en la superficie. Se forman
cavidades diminutas que debilitan la médula del hueso, bajo el
cartílago. Puede haber un crecimiento excesivo del hueso en los
bordes de la articulación, produciendo tumefacciones (osteofitos)
que pueden verse y sentirse al tacto. Estas tumefacciones pueden interferir
el funcionamiento normal de la articulación y causar dolor.
Por último, la superficie lisa y regular
del cartílago se vuelve áspera y agujereada, impidiendo
que la articulación pueda moverse con facilidad. Se produce una
alteración de la articulación por el deterioro de todos
sus componentes, es decir, el hueso, la cápsula articular (tejidos
que envuelven algunas articulaciones), la membrana sinovial (tejido
que reviste la articulación), los tendones y el cartílago.
Existen dos clasificaciones de la artrosis: primaria
(idiopática) cuando la causa se desconoce y secundaria cuando
la causa es otra enfermedad, bien sea la de Paget, una infección,
una deformidad, una herida o el uso excesivo de la articulación.
Resultan especialmente vulnerables los individuos que fuerzan sus articulaciones
de forma reiterada, como los obreros de una fundición o de una
mina de carbón y los conductores de autobuses. Sin embargo, los
corredores profesionales de maratón no tienen un mayor riesgo
de desarrollar este trastorno. Aunque no existe evidencia concluyente
al respecto, es posible que la obesidad sea un factor importante en
el desarrollo de la artrosis.
Artrosis de la columna vertebral
Los círculos indican las articulaciones
más frecuentemente afectadas por la artrosis a nivel
de la columna vertebral (cervical y lumbar), las manos, los
pies, las caderas y las rodillas.
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Síntomas
Al llegar a los 40 años de edad, muchas
personas presentan signos de artrosis en las radiografías, especialmente
en las articulaciones que sostienen el peso (como la cadera), pero relativamente
pocos presentan síntomas.
Por lo general, los síntomas se desarrollan
gradualmente y afectan inicialmente a una o a varias articulaciones
(las de los dedos, la base de los pulgares, el cuello, la zona lumbar,
el dedo gordo del pie, la cadera y las rodillas). El dolor es el primer
síntoma, que aumenta por lo general con la práctica de
ejercicio. En algunos casos, la articulación puede estar rígida
después de dormir o de cualquier otra forma de inactividad; sin
embargo, la rigidez suele desaparecer a los 30 minutos de haber iniciado
el movimiento de la articulación.
La articulación puede perder movilidad e
incluso quedar completamente rígida en una posición incorrecta
a medida que empeora la lesión provocada por la artrosis. El
nuevo crecimiento del cartílago, del hueso y otros tejidos puede
aumentar el tamaño de las articulaciones. El cartílago
áspero hace que las articulaciones rechinen o crujan al moverse.
Las protuberancias óseas se desarrollan con frecuencia en las
articulaciones de las puntas de los dedos (nódulos de Heberden).
En algunos sitios (como la rodilla), los ligamentos
que rodean y sostienen la articulación se estiran de modo que
ésta se vuelve inestable. Tocar o mover la articulación
puede resultar muy doloroso.
En contraste, la cadera se vuelve rígida,
pierde su radio de acción y provoca dolor al moverse. La artrosis
afecta con frecuencia a la columna vertebral. El dolor de espalda es
el síntoma más frecuente. Las articulaciones lesionadas
de la columna suelen causar únicamente dolores leves y rigidez.
Sin embargo, si el crecimiento óseo comprime
los nervios, la artrosis de cuello o de la zona lumbar puede causar
entumecimiento, sensaciones extrañas, dolor y debilidad en un
brazo o en una pierna. En raras ocasiones, la compresión de los
vasos sanguíneos que llegan a la parte posterior del cerebro
ocasiona problemas de visión, sensación de mareo (vértigo),
náuseas y vómitos. A veces el crecimiento del hueso comprime
el esófago, dificultando la deglución.
La artrosis sigue un lento desarrollo en la mayoría
de los casos tras la aparición de los síntomas. Muchas
personas presentan alguna forma de discapacidad pero, en ocasiones,
la degeneración articular se detiene.
Tratamiento
Tanto los ejercicios de estiramiento como
los de fortalecimiento y de postura resultan adecuados para mantener
los cartílagos en buen estado, aumentar la movilidad de una articulación
y reforzar los músculos circundantes de manera que puedan amortiguar
mejor los impactos. El ejercicio se debe compensar con el reposo de
las articulaciones dolorosas; sin embargo, la inmovilización
de una articulación tiende más a agravar la artrosis que
a mejorarla. Los síntomas empeoran con el uso de sillas, reclinadores,
colchones y asientos de automóvil demasiado blandos. Se recomienda
usar sillas con respaldo recto, colchones duros o tableros de madera
bajo el colchón. Los ejercicios específicos para la artrosis
de la columna vertebral pueden resultar útiles; sin embargo,
se necesitan soportes ortopédicos para la espalda en caso de
problemas graves. Es importante mantener las actividades diarias habituales,
desempeñar un papel activo e independiente dentro de la familia
y seguir trabajando.
Así mismo resultan útiles la fisioterapia
y el tratamiento con calor local. Para aliviar el dolor de los dedos
es recomendable, por ejemplo, calentar cera de parafina mezclada con
aceite mineral a una temperatura de 48 a 51 ºC, para luego mojar
los dedos, o tomar baños tibios o calientes. Las tablillas o
soportes pueden proteger articulaciones específicas durante actividades
que generen dolor. Cuando la artrosis afecta al cuello, pueden ser útiles
los masajes realizados por terapeutas profesionales, la tracción
y la aplicación de calor intenso con diatermia o ultrasonidos.
Los fármacos son el aspecto menos importante
del programa global de tratamiento. Un analgésico como el paracetamol
(acetaminofén) puede ser suficiente. Un antiinflamatorio no esteroideo
como la aspirina o el ibuprofeno puede disminuir el dolor y la inflamación.
Si una articulación se inflama, se hincha y provoca dolor repentinamente,
los corticosteroides se pueden inyectar directamente en ella, aunque
esto sólo suele proporcionar alivio a corto plazo.
La cirugía puede ser útil cuando el
dolor persiste a pesar de los demás tratamientos. Algunas articulaciones,
sobre todo la cadera y la rodilla, pueden sustituirse por una artificial
(prótesis) que, por lo general, da muy buenos resultados: mejora
la movilidad y el funcionamiento en la mayoría de los casos y
disminuye el dolor de forma notable. Por tanto, cuando el movimiento
se ve limitado, puede considerarse la posibilidad de una prótesis
de la articulación.