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TRASTORNOS DEL CEREBRO Y DEL SISTEMA NERVIOSO
CAPITULO 79
Tumores del sistema nervioso
Un tumor es una masa anormal en cualquier
parte del cuerpo. Aunque técnicamente un tumor puede ser un foco
de infección (un absceso) o de inflamación, este término
habitualmente significa un nuevo crecimiento anormal (neoplasia) que
puede ser maligno (canceroso) o benigno (no canceroso).
Un tumor benigno causa pocos problemas o ninguno
en la mayoría de las partes del cuerpo, pero cualquier masa anormal
en el cerebro puede causar daños considerables. Un tumor puede
causarle daño al cerebro de dos maneras: por una parte, un tumor
en desarrollo puede destruir directamente el tejido; por otro lado,
dado que el cráneo es duro y que su contenido no puede expandirse,
la presión de la masa en crecimiento sobre el cerebro puede lesionar
ciertas áreas situadas lejos del tumor. Un tumor en la médula
espinal también puede causar lesiones debido a la presión
ejercida sobre zonas cruciales del tejido nervioso.
Los neurofibromas, crecimientos blandos de tejido
nervioso, pueden lesionar los nervios periféricos (los que se
encuentran fuera del cerebro y de la médula espinal) así
como las raíces de los nervios que salen de la médula.
Finalmente, otros cánceres situados en cualquier lugar del cuerpo
pueden afectar al sistema nervioso, teniendo como consecuencia el desarrollo
de síndromes paraneoplásicos.
Tumores cerebrales
Un tumor cerebral benigno es una masa anormal, pero
no cancerosa, de tejido cerebral. Un tumor cerebral maligno es cualquier
cáncer en el cerebro con capacidad de invadir y destruir tejido
adyacente o un cáncer que se ha extendido (que ha hecho metástasis)
al cerebro desde otro lugar del cuerpo a través del torrente
sanguíneo.
En el cerebro pueden crecer varios tipos de tumores
benignos. El nombre que reciben depende de las células específicas
o de los tejidos en los cuales se originan: los schwannomas, tienen
su origen en las células de Schwann que recubren los nervios;
los ependimomas, en células que recubren la superficie interna
del cerebro; los meningiomas, en las meninges, o sea, el tejido que
recubre la superficie externa del cerebro; los adenomas, en células
glandulares; los osteomas, en las estructuras óseas del cráneo;
y los hemangioblastomas, en los vasos sanguíneos. Algunos tumores
cerebrales benignos (como los craneofaringiomas, los cordomas, los germinomas,
los teratomas, los quistes dermoides y los angiomas) pueden estar presentes
ya en el momento de nacer.
Los meningiomas habitualmente son benignos, pero
pueden reaparecer después de ser extirpados. Estos tumores son
más frecuentes en las mujeres y habitualmente aparecen entre
los 40 y los 60 años, pero pueden empezar a desarrollarse en
la infancia o incluso más adelante en la vida. Los síntomas
y los peligros inherentes a estos tumores dependen de su tamaño
y de la rapidez de su crecimiento, así como de su localización
en el cerebro. Si crecen demasiado, pueden causar un deterioro mental
semejante a la demencia.

Los tumores cerebrales malignos más frecuentes
son las metástasis de un cáncer que ha tenido su origen
en otra parte del cuerpo. El cáncer de mama o de pulmón,
el melanoma maligno y el cáncer de células sanguíneas
como la leucemia y el linfoma pueden propagarse al cerebro. Las metástasis
pueden desarrollarse en una única área del cerebro o bien
en varias partes.
Los tumores cerebrales primarios se originan en
el cerebro. Casi siempre, los tumores primarios son gliomas, que crecen
a partir de los tejidos que rodean y sostienen las células nerviosas.
Varios tipos de glioma son malignos; el glioblastoma multiforme es el
tipo más frecuente. Otros tipos de tumores primarios son el astrocitoma
anaplásico de crecimiento rápido, el astrocitoma de desarrollo
lento y los oligodendrogliomas. Los meduloblastomas, que son poco frecuentes,
habitualmente aparecen en niños antes de la pubertad. Los sarcomas
y los adenocarcinomas son cánceres poco frecuentes que se desarrollan
a partir de estructuras no nerviosas.
Los tumores del cerebro ocurren con igual frecuencia
en el hombre y en la mujer, pero algunos tipos son más frecuentes
en los varones y otros más frecuentes en la mujer. Por razones
desconocidas, el linfoma del cerebro aparece cada vez con más
frecuencia, especialmente en personas que padecen SIDA.
Síntomas
Los síntomas aparecen cuando el tejido cerebral
es destruido o cuando la presión en el cerebro aumenta; tales
circunstancias pueden ocurrir tanto si el tumor cerebral es benigno
como si es maligno. Sin embargo, cuando el tumor cerebral es una metástasis
proveniente de un cáncer distante, la persona también
puede tener síntomas relacionados con ese cáncer. Por
ejemplo, el cáncer del pulmón puede causar tos con moco
sanguinolento, o el cáncer de la mama puede producir un bulto
en la mama.
Los síntomas de un tumor cerebral dependen
de su tamaño, de su crecimiento y de su localización.
Los tumores en ciertas partes del cerebro pueden alcanzar un tamaño
considerable antes de manifestarse los síntomas; en cambio, en
otras partes del cerebro incluso un tumor pequeño puede tener
efectos devastadores.

El dolor de cabeza es habitualmente el primer síntoma,
aunque la mayoría de los dolores de cabeza se debe a causas diferentes
a un tumor cerebral. Un dolor de cabeza debido a un tumor cerebral generalmente
recurre con frecuencia o es permanente, a menudo es intenso y puede
aparecer en personas que no han sufrido dolores de cabeza anteriormente;
ocurre de noche y ya está presente al despertar. Otros síntomas
precoces y frecuentes de un tumor cerebral consisten en falta de equilibrio
y coordinación, mareo y visión doble. En fases más
avanzadas pueden aparecer náuseas y vómitos, fiebre intermitente
y un pulso y una frecuencia respiratoria anormalmente rápidos
o anormalmente lentos. Poco antes de fallecer pueden ocurrir grandes
fluctuaciones de la presión arterial.
Algunos tumores del cerebro causan convulsiones.
Éstas, en el caso de tumores cerebrales benignos, de meningiomas
y de cánceres de evolución lenta, como los astrocitomas,
son más frecuentes que en los cánceres de evolución
rápida, como el glioblastoma multiforme. Un tumor puede ser la
causa de que un brazo, una pierna o un lado del cuerpo se debilite o
se paralice, y puede afectar a la capacidad de sentir calor, frío,
presión, un contacto ligero o el pinchazo de un objeto puntiagudo.
Los tumores pueden también afectar a la vista y el sentido del
olfato. La presión en el cerebro puede causar cambios en la personalidad
y puede hacer que la persona sienta somnolencia, confusión e
incapacidad de pensar. Estos síntomas son muy graves y requieren
atención médica inmediata.
Tumor cerebral
Desplazamiento de las estructuras adyacentes.
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Diagnóstico
El médico sospecha la presencia de un tumor
cerebral cuando la persona presenta alguno de los síntomas característicos.
Si bien puede detectar a menudo una función anormal del cerebro
en el curso de una exploración física, para establecer
el diagnóstico deben emplearse otros procedimientos.
Una simple radiografía del cráneo
y del cerebro es de poca utilidad en el diagnóstico de tumores
cerebrales (salvo en raros casos de un meningioma o de un adenoma de
la hipófisis). Todos los tipos de tumores del cerebro son visibles
en una tomografía computadorizada (TC) o en una resonancia magnética
(RM), las cuales pueden medir con precisión el tamaño
y la localización del tumor. Cuando un tumor cerebral aparece
en una TC o una RM, se efectúan pruebas complementarias para
determinar su tipo exacto.
Los tumores de la glándula hipófisis
se descubren generalmente cuando comprimen los nervios de la visión
hasta el punto de llegar a afectarla. Los análisis de sangre
muestran valores anormales de las hormonas hipofisarias y el tumor puede
habitualmente ser diagnosticado con una TC o una RM.
Algunos tipos de tumores también pueden producir
valores anormales de hormonas en sangre, aunque la mayoría no
lo hace. Debe hacerse una biopsia del tumor (obtención de una
muestra para su examen al microscopio) para determinar su tipo y si
es maligno.
Algunas veces, el examen al microscopio del líquido
cefalorraquídeo obtenido por una punción lumbar (inserción
de una aguja en la columna lumbar para extraer una muestra del líquido
de la médula) muestra células cancerosas. La punción
lumbar no debe hacerse si existe evidencia de un aumento de presión
dentro del cráneo, porque un cambio súbito en dicha presión
puede causar una hernia, que es una de las complicaciones más
peligrosas de un tumor cerebral. Al producirse la herniación,
el aumento de la presión intracraneal empuja el tejido cerebral
hacia abajo a través de la estrecha abertura en la base del cráneo,
comprimiendo así la parte más inferior del cerebro (tronco
encefálico). Como resultado, se desestabilizan las funciones
esenciales controladas por el tronco encefálico, como la respiración,
el ritmo cardíaco y la presión arterial. Sin un diagnóstico
y tratamiento rápidos, la herniación puede causar un estado
de coma y la muerte.
Durante la intervención quirúrgica
habitualmente se puede practicar una biopsia, extirpar el tumor o parte
del mismo. En algunos casos no se puede acceder de forma segura o directa
a tumores que se encuentran en partes profundas del cerebro. En estos
casos, se puede practicar una biopsia mediante una aguja guiada por
una técnica de orientación tridimensional; se trata de
una técnica por medio de la cual la aguja es guiada por un dispositivo
de imagen hasta el tumor, del que se extraen células por aspiración.
Tratamiento
El tratamiento de un tumor cerebral depende del
tipo y localización del mismo. Cuando es posible, el tumor se
extirpa quirúrgicamente. Muchos tumores cerebrales pueden extirparse
sin apenas daño al cerebro o incluso sin ningún daño.
Sin embargo, algunos crecen en lugares a los que es muy difícil
o imposible acceder, sin correr el riesgo de destruir estructuras vitales.
La cirugía a veces causa lesiones cerebrales que pueden conllevar
una parálisis parcial, cambios en los sentidos, debilidad y deficiencia
intelectual. Sin embargo, extirpar un tumor es necesario si su crecimiento
afecta a estructuras cerebrales importantes. Aun en casos en los cuales
la extirpación no puede curar el cáncer, la cirugía
puede ser útil para reducir el tamaño del tumor, aliviar
los síntomas y permitir al médico determinar con exactitud
de qué clase de tumor se trata y si otro tipo de tratamiento,
como por ejemplo la radioterapia, podría ser adecuado.

Algunos tumores benignos deben ser extirpados, ya
que su crecimiento progresivo en lugares con un espacio limitado puede
causar lesiones graves e incluso la muerte. Siempre que sea posible
se deben extirpar los meningiomas y ello habitualmente puede hacerse
de manera total y segura. Sin embargo, los meningiomas muy pequeños
y los que se desarrollan en las personas mayores no deben extirparse.
En general, los tumores benignos, como los schwannomas y los ependimomas,
pueden tratarse de manera similar. En algunos casos después de
la extirpación se aplica radioterapia para destruir cualquier
célula que haya quedado.
Muchos tumores cerebrales, y en especial los malignos,
son tratados con una combinación de cirugía, radioterapia
y quimioterapia. Después de haber extirpado la mayor cantidad
posible de tumor, se inicia la radioterapia. Ésta habitualmente
no cura el cáncer cerebral, pero puede reducir el tumor lo suficiente
como para mantenerlo bajo control durante muchos meses e incluso años.
La quimioterapia se utiliza para tratar ciertos tipos de cáncer
cerebral. Los cánceres cerebrales, metastásicos o primarios,
pueden responder a la quimioterapia.
Un incremento de presión sobre el cerebro
es muy grave y requiere atención médica inmediata. Habitualmente
se administran fármacos como el manitol y los corticosteroides
por vía venosa para reducir la presión y prevenir la herniación.
A veces, se coloca un pequeño artefacto dentro del cráneo
para medir la presión cerebral con el fin de que el tratamiento
pueda ser adaptado en consecuencia.
El abordaje terapéutico de las metástasis
cerebrales depende en gran manera de la zona donde se ha originado el
cáncer. A menudo se efectúa radioterapia en los tumores
cancerosos del cerebro. La extirpación quirúrgica puede
ser útil sólo si hay una única metástasis.
Además de los tratamientos habituales, existen otros experimentales
que implican el uso de quimioterapia, la colocación de implantes
radiactivos dentro del tumor y también radiocirugía.
Pronóstico
A pesar del tratamiento, sólo el 25 por ciento
de las personas con cáncer del cerebro vive más de dos
años. El pronóstico es ligeramente mejor en tumores como
los astrocitomas y los oligodendrogliomas, los cuales no suelen reproducirse
durante los 3 a 5 años posteriores al tratamiento. Aproximadamente
el 50 por ciento de las personas tratadas por un meduloblastoma sobrevive
más de 5 años.
El tratamiento del cáncer cerebral tiene
más posibilidades de éxito en personas de menos de 45
años, en las que padecen un astrocitoma anaplásico en
vez de un glioblastoma multiforme y en aquellas personas cuyo tumor
puede ser extirpado quirúrgicamente en gran parte o en su totalidad.
Tumores medulares
Los tumores de la médula espinal son masas
de tejido de nuevo crecimiento, benignos o malignos, que se desarrollan
en la médula espinal.
Estos tumores de la médula espinal pueden
ser primarios (se originan en la médula espinal) o secundarios
(metástasis provenientes de un cáncer que tiene su origen
en otra parte del cuerpo). Los tumores de la médula espinal son
mucho menos frecuentes que los tumores del cerebro y constituyen una
rareza en los niños.
Sólo un 10 por ciento aproximadamente de
los tumores primarios de la médula espinal tienen su origen en
las células nerviosas de la misma. Dos terceras partes de estos
tumores son meningiomas (cuyo origen está en las células
meníngeas, que recubren el cerebro y la médula espinal)
y schwannomas (cuyo origen está en las células de Schwann,
que recubren los nervios). Tanto los meningiomas como los schwannomas
son tumores benignos (no cancerosos). Dentro de los tumores malignos
(cancerosos) se encuentran los gliomas, que se originan en otras células
de la médula espinal, y los sarcomas, que lo hacen a partir de
los tejidos conectivos de la columna vertebral. Los neurofibromas, un
tipo de schwannoma en los cuales las células de Schwann se convierten
en tumores, también pueden tener su origen en la médula
espinal formando parte de la enfermedad de von Recklinghausen.
Las metástasis se propagan a la médula
espinal, o a las estructuras que la rodean, a partir de cánceres
de otras partes del cuerpo, habitualmente del pulmón, de la mama,
de la próstata, del riñón o del tiroides. Los linfomas
también pueden extenderse a la médula espinal.
Síntomas
Los tumores de la médula espinal frecuentemente
causan síntomas debido a que comprimen los nervios. La presión
sobre la raíz nerviosa, o sea, la parte del nervio que sale de
la columna vertebral, puede causar dolor, pérdida de sensibilidad,
hormigueo y debilidad. La presión sobre la médula misma
puede causar espasmos, flojedad, mala coordinación y una disminución
de sensibilidad o anormalidades de la misma. El tumor también
puede causar dificultad en la micción, incontinencia urinaria
o estreñimiento.
Diagnóstico
Los médicos consideran la posibilidad de
un tumor de la médula espinal en personas que tienen un cáncer
en alguna otra parte del cuerpo y que sienten dolor en un área
bien delimitada de la columna vertebral. Además, pueden referir
también debilidad, hormigueo y mala coordinación. La forma
en que están organizados los nervios de la médula espinal
permite al médico localizar el tumor al examinar las partes del
cuerpo cuya función es anormal.
El médico debe descartar otros trastornos
que también afecten la función de la médula espinal,
como dolor en los músculos de la espalda, contusiones óseas,
un aporte insuficiente de sangre a la médula espinal, una fractura
de una vértebra, una hernia discal y también enfermedades
como la sífilis, infecciones víricas, esclerosis múltiple
y esclerosis lateral amiotrófica.
Existen varios procedimientos que permiten llegar
al diagnóstico de un tumor de la médula espinal. Aun cuando
una radiografía de la columna puede indicar cambios en los huesos,
habitualmente no permite poner de manifiesto tumores que no han afectado
al hueso. Se considera que la resonancia magnética (RM) es la
mejor técnica para examinar todas las estructuras de la médula
espinal y de la columna vertebral. Para un diagnóstico preciso
del tipo de tumor es preciso efectuar una biopsia (obtención
de una muestra del tumor para su examen al microscopio).
Tratamiento
En general, los tumores de la médula espinal
y de la columna vertebral pueden extirparse quirúrgicamente.
Otros pueden ser tratados con radioterapia o con cirugía seguida
de radioterapia. Cuando un tumor está comprimiendo la médula
espinal o las estructuras próximas, los corticosteroides pueden
reducir la inflamación y preservar la función nerviosa
hasta que el tumor pueda ser extirpado.
Pronóstico
El restablecimiento depende habitualmente del daño
ocasionado y de la profundidad que el tumor ha alcanzado en la médula
espinal. Los síntomas desaparecen después del tratamiento
en aproximadamente la mitad de los casos de tumores de la médula
espinal. La extirpación de meningiomas, de neurofibromas y de
algunos tumores primarios puede tener un carácter curativo.
Neurofibromatosis
La neurofibromatosis (enfermedad de von Recklinghausen)
es una enfermedad congénita en la cual múltiples crecimientos
anormales de tejido nervioso (neurofibromas), blandos y carnosos, aparecen
en la piel y otras partes del cuerpo.
Los neurofibromas son tumefacciones de células
de Schwann productoras de mielina y de otras células que rodean
y sostienen los nervios periféricos (los que están localizados
fuera del cerebro y de la médula espinal). Los tumores empiezan
habitualmente después de la pubertad y pueden notarse como pequeños
bultos debajo de la piel.
Síntomas y diagnóstico
Aproximadamente un tercio de los que padecen neurofibromatosis
no presentan síntomas y el diagnóstico se establece cuando
el médico encuentra bultos debajo de la piel cerca de los nervios
en el curso de una exploración física de rutina. En otro
tercio, el diagnóstico se establece cuando la persona acude al
médico simplemente para resolver un problema de tipo estético.
Muchas personas tienen manchas en la piel de color marrón claro
(manchas café con leche) en el pecho, la espalda, la pelvis,
los codos y las rodillas. Estas manchas pueden estar presentes desde
el nacimiento o bien aparecer en la infancia. Entre los 10 y los 15
años de edad, empiezan a aparecer sobre la piel crecimientos
de color de la misma piel (neurofibromas), de formas y tamaños
variados. Pueden ser menos de diez o pueden aparecer miles de ellos.
En algunas personas, estos crecimientos causan problemas en el esqueleto,
como una curvatura anormal de la columna (cifoscoliosis), deformidades
de las costillas, agrandamiento de los huesos largos de los brazos y
de las piernas y defectos óseos del cráneo y del contorno
de los ojos. En el tercio restante de las personas con neurofibromatosis,
el diagnóstico se establece cuando ellos detectan problemas de
orden neurológico.
Los neurofibromas pueden afectar a cualquier nervio,
pero frecuentemente crecen en las raíces de la médula
espinal, donde habitualmente causan pocos problemas o ninguno, pero
en cambio pueden tornarse peligrosos si llegan a comprimir la médula
espinal. Lo más frecuente es que los neurofibromas ejerzan presión
sobre los nervios periféricos, impidiendo su funcionamiento normal.
Los neurofibromas de los nervios de la cabeza pueden causar ceguera,
vértigo, sordera y falta de coordinación. A medida que
aumenta el número de neurofibromas, aparecen más complicaciones
neurológicas.
Además de estos problemas, las personas con
una forma más rara de la enfermedad, denominada neurofibromatosis
tipo 2, desarrollan tumores en el oído interno (neurinomas acústicos).
Los tumores pueden causar una disminución en la audición
y, a veces, vértigo, a edades tempranas como los 20 años.
Tratamiento
Ningún tratamiento puede detener la progresión
de la neurofibromatosis o curarla, pero con ayuda de la cirugía
habitualmente se pueden extirpar uno o más tumores y también
pueden reducirse de tamaño con radioterapia. Cuando crecen muy
pegados a un nervio, a menudo se requiere la extirpación del
nervio. Como la neurofibromatosis es un trastorno hereditario, la persona
afectada debe buscar consejo profesional antes de decidirse a tener
hijos.
Síndromes paraneoplásicos
Los síndromes paraneoplásicos son
los efectos remotos de un cáncer (con mayor frecuencia un cáncer
de pulmón o de ovario) sobre diferentes funciones del cuerpo,
a menudo las del sistema nervioso.
No se sabe con exactitud cómo un cáncer
distante puede afectar al sistema nervioso. Algunos cánceres
liberan en el torrente sanguíneo determinadas sustancias que
causan una reacción autoinmune que provoca lesiones en tejidos
distantes. Otros cánceres secretan sustancias que interfieren
de manera directa con la función del sistema nervioso y hasta
logran destruir partes del mismo.
Los síndromes paraneoplásicos pueden
producir un amplio espectro de síntomas neurológicos,
como demencia, cambios del temperamento, convulsiones, debilidad (posiblemente
progresiva) de los miembros o del cuerpo entero, pérdida de sensibilidad,
hormigueos, coordinación deficiente, mareos, visión doble
y movimientos anormales de los ojos. El efecto más frecuente
es la polineuropatía, que consiste en una disfunción de
los nervios periféricos (los nervios que están fuera del
cerebro y de la médula espinal). La persona se siente débil,
pierde la sensibilidad y tiene una disminución de los reflejos.
Si bien la polineuropatía no tiene un tratamiento específico,
a veces se logra una mejoría de la misma al tratar el cáncer.
La neuropatía sensitiva subaguda, una forma
rara de polineuropatía, a veces precede al diagnóstico
de cáncer. La persona con esta neuropatía puede tener
una pérdida incapacitante de la sensibilidad y una coordinación
deficiente, pero en cambio puede solamente sentir un poco de debilidad.
No existe tratamiento para la neuropatía sensitiva subaguda.
Las sustancias producidas por los diferentes cánceres
pueden tener efectos muy variados. Los cánceres de la mama y
de los ovarios producen a veces una sustancia que parece inducir la
aparición de un autoanticuerpo que destruye el cerebelo, causando
un trastorno denominado degeneración cerebelosa subaguda. Los
síntomas de este trastorno (marcha inestable, coordinación
deficiente de brazos y piernas, dificultad para hablar, mareo y visión
doble) pueden presentarse semanas, meses o incluso años antes
de que se descubra el cáncer. La degeneración cerebelosa
subaguda empeora habitualmente en semanas o meses y a menudo deja a
la persona gravemente incapacitada. Esta enfermedad es difícil
de diagnosticar antes de que se encuentre el cáncer, aun que
una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética
(RM) pueden poner de manifiesto una pérdida de tejido en el cerebelo.
No existe un tratamiento eficaz, pero el proceso a veces mejora después
de tratar el cáncer con éxito.
El neuroblastoma, un cáncer propio de los
niños, a veces causa una combinación poco común
de síntomas que se caracterizan por movimientos incontrolados
y súbitos de los ojos. El niño también presenta
un trastorno de la coordinación, junto con rigidez, espasmos
y contracciones musculares en el cuerpo, brazos y piernas. Estos síntomas
pueden mejorar tratando el cáncer y a veces también con
la administración de corticosteroides como la prednisona.
En casos muy raros, la enfermedad de Hodgkin puede
afectar indirectamente a las células de los nervios de la médula
espinal, ocasionando una debilidad de los brazos y las piernas de forma
similar a lo que sucede en una polineuropatía aguda. Esta situación
mejora habitualmente con corticosteroides.
El síndrome de Eaton-Lambert es un síndrome
paraneoplásico similar a la miastenia grave que puede presentarse
en personas con cáncer de pulmón. El síndrome se
debe a la presencia de unos anticuerpos que interfieren con las sustancias
que permiten la comunicación entre los nervios y los músculos
(neurotransmisores). La debilidad empieza antes, durante o después
de haberse diagnosticado el cáncer; en ocasiones, no se encuentra
el cáncer. Las personas con el síndrome de Eaton-Lambert
también pueden tener cansancio, dolor y hormigueo en los brazos
y las piernas, sequedad de boca, párpados caídos e impotencia.
Los reflejos normales, como el reflejo rotuliano, disminuyen y hasta
pueden desaparecer.
Los síntomas del síndrome de Eaton-Lambert
pueden mejorar cuando se trata el cáncer que los causa. La guanidina
es un fármaco que fomenta la producción, por parte de
los nervios, de una sustancia que estimula los músculos, lo que
puede en parte aliviar la debilidad. Sin embargo, la guanidina tiene
efectos secundarios graves, como el de causar daño a la médula
ósea y al hígado. Otros tratamientos son la plasmaféresis,
un procedimiento por medio del cual las sustancias tóxicas se
extraen de la sangre, y la administración de corticosteroides
como la prednisona.
Los cánceres pueden también causar
debilidad si afectan a los músculos en vez de a los nervios.
La dermatomiositis y la polimiositis, procesos a veces inducidos por
el cáncer, son capaces de causar debilidad de los fuertes músculos
del tronco. Ciertas personas pueden desarrollar una erupción
de aspecto violáceo sobre la nariz y las mejillas, e hinchazón
alrededor de los ojos (erupción tipo heliotropo). Aun cuando
la dermatomiositis y la polimiositis son mas corrientes en personas
de más de 50 años con cáncer, en ocasiones afectan
a personas que no lo tienen. En algunos casos, el tratamiento con corticosteroides,
como la prednisona, puede ser eficaz.
Lesiones del sistema nervioso por radiación
Aunque los médicos tratan de evitar lesiones
al sistema nervioso por irradiación durante el tratamiento anticanceroso,
en ciertos casos es inevitable. Los síntomas de lesión
por la radioterapia pueden aparecer súbita o lentamente, permanecer
estacionarios o empeorar, y pueden ser transitorios o permanentes. En
algunos casos, los síntomas aparecen meses o años después
del tratamiento.
La irradiación del cerebro puede causar una
encefalopatía aguda, con dolor de cabeza, náuseas y vómitos,
somnolencia, confusión y otros síntomas neurológicos.
La encefalopatía aguda aparece habitualmente después de
la primera o de la segunda dosis de radiación, pero en algunos
casos no lo hace hasta 2 o 4 meses después de la radioterapia.
Generalmente los síntomas suelen disminuir a lo largo del período
de tratamiento con radioterapia y, los corticosteroides, como por ejemplo
la prednisona, pueden acelerar la mejoría.
A veces, los síntomas de una lesión
cerebral aparecen meses o años después de la radioterapia,
un estado que se conoce como lesión por irradiación de
tipo retardada. Los síntomas pueden consistir en demencia progresiva,
pérdida de memoria, dificultad para pensar, percepciones erróneas,
cambios de personalidad y marcha inestable.
La radioterapia del cuello o del pecho puede causar
una mielopatía por radiación, como consecuencia de la
cual la persona puede presentar el signo de Lhermitte; este signo consiste
en una sensación parecida a una descarga eléctrica que
empieza en el cuello o la espalda, habitualmente cuando se tiene flexionado
el cuello, y que irradia hacia abajo hasta las piernas. Este tipo de
mielopatía por radiación suele desaparecer sin tratamiento.
Otro tipo distinto de mielopatía por radiación puede aparecer
meses o años después de la radioterapia. Este tipo de
mielopatía causa debilidad, pérdida de la sensibilidad
y, en algunos casos, el síndrome de Brown-Séquard (debilidad
en un lado del cuerpo y pérdida de la sensibilidad al dolor y
al frío, o calor en el otro lado). En el lado del cuerpo que
experimenta debilidad, la persona puede perder el sentido de la posición
(la facultad de saber dónde se encuentran los pies y las manos
cuando no se están viendo). Este raro trastorno no suele desaparecer
y hace que muchas personas queden paralizadas.
Los nervios cercanos al área donde se ha
aplicado la radioterapia también pueden sufrir daños.
Por ejemplo, en el caso de la irradiación de una mama o de un
pulmón, se pueden lesionar los nervios del brazo del lado correspondiente,
causando debilidad y pérdida de la sensibilidad. La irradiación
en una o ambas ingles puede afectar a los nervios de las piernas y causar
síntomas similares.