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TRASTORNOS DEL RIÑON Y DE LAS VIAS URINARIAS
CAPITULO 124
Nefritis
La nefritis es la inflamación de los
riñones.
La inflamación de los riñones generalmente
suele ser provocada por una infección, como en la pielonefritis,
o por una reacción inmune anormal que ataca los riñones.
Una reacción inmune anómala puede producirse de dos formas:
1) un anticuerpo puede atacar directamente al riñón o
a un antígeno (una sustancia que estimula una reacción
inmune), adherido a las células renales, o 2) un antígeno
y un anticuerpo se pueden unir en cualquier otra parte del organismo
y luego adherirse a las células del riñón. Los
signos que indican nefritis, como la presencia de sangre y proteínas
en la orina y una función renal deteriorada, dependen del tipo,
la ubicación y la intensidad de la reacción inmune. Sin
embargo, numerosas condiciones capaces de lesionar los riñones,
pueden producir lesiones, síntomas y consecuencias similares.
Generalmente,
la inflamación no afecta a todo el riñón. La enfermedad
resultante depende de si la inflamación afecta principalmente
a los glomérulos (la primera parte del aparato de filtración
del riñón), los túbulos y los tejidos que lo circundan
(tejido túbulointersticial) o los vasos sanguíneos del
interior de los riñones, causando vasculitis.
Glomerulopatías
Los trastornos del riñón en los que
la inflamación afecta principalmente a los glomérulos
se denominan glomerulopatías. Aunque las causas son múltiples,
todas las glomerulopatías son similares porque los glomérulos
siempre responden de un modo similar, independientemente de la causa.
Hay cuatro tipos principales de glomerulopatías.
El síndrome nefrítico agudo comienza repentinamente y,
por lo general, se resuelve rápidamente. El síndrome nefrítico,
rápidamente progresivo, comienza de forma repentina y se agrava
con gran rapidez. El síndrome nefrótico conduce a la pérdida
de grandes cantidades de proteínas por la orina. El síndrome
nefrítico crónico, comienza gradualmente y se agrava muy
lentamente, a menudo a lo largo de varios años.
Cuando se lesiona el glomérulo, las sustancias
del flujo sanguíneo que normalmente no se filtran, como las proteínas,
la sangre, los glóbulos blancos y los residuos, pueden entonces
pasar a través del mismo y perderse por la orina. En los capilares
que alimentan al glomérulo se pueden formar minúsculos
coágulos sanguíneos (microtrombos); éstos, junto
con otras alteraciones, pueden reducir enormemente el volumen de orina
producido. Además, los riñones pueden volverse incapaces
de concentrar la orina, excretar el ácido del organismo o equilibrar
la excreción de sales. Al principio, el glomérulo puede
compensar esta deficiencia parcialmente haciéndose más
grande, pero su deterioro creciente provoca el descenso de la producción
de orina y la acumulación de productos de desecho en la sangre.
Diagnóstico
El diagnóstico preciso de todas las glomerulopatías
se establece mediante la realización de una biopsia de riñón,
del que se extrae una pequeña muestra mediante la inserción
de una aguja a través de la piel. La muestra se examina al microscopio
antes y después de haberla teñido para visualizar el tipo
y la ubicación de las reacciones inmunes dentro del riñón.
Un examen de una muestra de orina (análisis
de orina) ayuda a establecer el diagnóstico y un simple análisis
de sangre indica en qué medida la extensión de las lesiones
ha afectado a la función renal. La medición de las concentraciones
de anticuerpos en la sangre puede ayudar a determinar la evolución
de la enfermedad, si los valores aumentan (el cuadro se está
agravando) o si disminuyen (el cuadro está mejorando).
Pronóstico y tratamiento
El curso y el pronóstico de una glomerulopatía
son muy variables y dependen de la causa subyacente. Aunque las reacciones
inmunes que causan muchas enfermedades renales actualmente son conocidas,
en la mayor parte de los casos no hay tratamiento o bien no es específico
para ese trastorno inmune. Los médicos tratan de modificar la
reacción inmune eliminando el antígeno, el anticuerpo
o el complejo creado por la unión de ambos con procedimientos
como la plasmaféresis (que elimina las sustancias nocivas de
la sangre), o tratan de suprimir la reacción inmune con fármacos
antiinflamatorios e inmunosupresores, como los corticosteroides, la
azatioprina y la ciclofosfamida. En algunos casos, los fármacos
que evitan la coagulación de la sangre también son beneficiosos.
Siempre que sea posible, debe administrarse el tratamiento específico
para el trastorno subyacente, por ejemplo, antibióticos en el
caso de una infección.
Síndrome nefrítico agudo
El síndrome nefrítico agudo (glomerulonefritis
aguda; glomerulonefritis postinfecciosa) es una inflamación de
los glomérulos que da como resultado la aparición repentina
de sangre en la orina, con grupos de glóbulos rojos adheridos
(cilindros) y cantidades variables de proteínas en la orina.
El síndrome nefrítico agudo puede
aparecer después de una infección de garganta provocada,
por ejemplo, por estreptococos. En tales casos, la enfermedad se denomina
glomerulonefritis postestreptocócica. Los glomérulos se
dañan por la acumulación de los antígenos de los
estreptococos muertos a los que se han adherido los anticuerpos que
los han neutralizado. Estas uniones antígeno-anticuerpo (complejos
inmunes) recubren las membranas de los glomérulos e interfieren
con su capacidad de filtración. En este caso los antibióticos
son ineficaces debido a que la nefritis comienza entre 1 y 6 semanas
(en promedio 2 semanas) después de la infección y los
estreptococos ya están muertos. La glomerulonefritis postestreptocócica
es más frecuente en los niños mayores de 3 años
y en los adultos jóvenes. Aproximadamente el 5 por ciento de
los casos se produce más allá de los 50 años.
El síndrome nefrítico agudo también
puede ser provocado por una reacción frente a otras infecciones,
como la infección de una parte artificial del cuerpo (prótesis),
la endocarditis bacteriana, neumonía, abscesos en los órganos
abdominales, varicela, hepatitis infecciosa, sífilis y paludismo.
Las tres últimas infecciones pueden más bien causar el
síndrome nefrótico que el síndrome nefrítico
agudo.
Síntomas y diagnóstico
Aproximadamente la mitad de los que padecen este
síndrome no tiene síntomas. Cuando se presentan, lo primero
que aparece es la retención de líquidos con hinchazón
de los tejidos (edema), un menor volumen de producción de orina
y oscurecimiento de ésta por la presencia de sangre. El edema
puede manifestarse al inicio como una hinchazón de la cara y
de los párpados, luego se hace evidente en las piernas y puede
agravarse progresivamente. La hipertensión arterial y la hinchazón
del cerebro producen dolores de cabeza, molestias de la visión
y trastornos aún más importantes de la función
cerebral. Un análisis complementario de la orina muestra cantidades
variables de proteínas y con frecuencia la concentración
de urea y de creatinina, dos productos de desecho, está aumentada
en la sangre.
Los médicos investigan la posibilidad de
una glomerulonefritis postestreptocócica en los sujetos que desarrollan
los síntomas antes mencionados, los resultados de cuyas pruebas
complementarias indican una disfunción renal tras una inflamación
de garganta, infección cutánea (impétigo), o, con
mayor razón, cuando un cultivo es positivo para estreptococos.
Los títulos de anticuerpos en sangre contra los estreptococos
pueden estar más elevados de lo normal. El síndrome nefrótico
se produce en aproximadamente el 30 por ciento de estas personas. En
raras ocasiones, la producción de orina se interrumpe por completo
apenas se desarrolla la glomerulonefritis estreptocócica, el
volumen de sangre aumenta bruscamente y se eleva la concentración
de potasio en la sangre. Puede sobrevenir la muerte a menos que se inicie
la diálisis rápidamente.
El síndrome nefrítico agudo que sigue
a una infección por microorganismos distintos de los estreptococos
es, generalmente, más fácil de diagnosticar porque sus
síntomas comienzan, con frecuencia, mientras la infección
es aún obvia.
Pronóstico y tratamiento
Los que sufren de síndrome nefrítico
agudo, por lo general se recuperan por completo. Sin embargo, si los
exámenes complementarios muestran grandes cantidades de proteínas
en la orina o una rápida disminución de la función
renal, es posible que se desarrolle una insuficiencia renal y que las
lesiones sean permanentes. En el uno por ciento de los niños
y en el 10 por ciento de los adultos, el síndrome nefrítico
agudo evoluciona hacia el síndrome nefrítico rápidamente
progresivo. En aproximadamente el 85 al 95 por ciento de los niños
la función renal vuelve a la normalidad, pero tienen un mayor
riesgo de desarrollar hipertensión arterial posteriormente, a
lo largo de su vida. Aproximadamente el 40 por ciento de los adultos
no se recupera por completo y continuará teniendo alteraciones
de la función renal.
En la mayoría de los casos no existe un tratamiento
eficaz. Los fármacos que inhiben el sistema inmune (fármacos
inmunosupresores) y los corticosteroides no son eficaces; los corticosteroides
pueden incluso agravar la enfermedad. Si cuando se descubre el síndrome
nefrítico agudo se encuentra aún presente una infección
bacteriana, se inicia una terapia con antibióticos. Si se presenta
como resultado de la infección de una parte artificial del cuerpo,
como una válvula cardíaca, el pronóstico es bueno,
siempre y cuando la infección pueda ser erradicada. Su erradicación
requiere a menudo la extracción y la sustitución de la
prótesis artificial, además de la administración
de antibióticos.
Puede ser necesario seguir una dieta baja en proteínas
y sal hasta que se restablezca la función renal. Se pueden suministrar
diuréticos para ayudar a los riñones a excretar el exceso
de sal y agua. La hipertensión arterial probablemente deba ser
tratada con fármacos. Los sujetos que desarrollan insuficiencia
renal grave pueden necesitar diálisis.
Síndrome nefrítico rápidamente
progresivo
El síndrome nefrítico rápidamente
progresivo (glomerulonefritis rápidamente progresiva) es un trastorno
poco frecuente en el que los glomérulos, en su mayor parte, están
parcialmente destruidos, provocando insuficiencia renal grave con presencia
de proteínas, sangre y agrupamientos de glóbulos rojos
(cilindros) en la orina.
El síndrome nefrítico rápidamente
progresivo forma parte de un trastorno que afecta a otros órganos,
además de los riñones, en aproximadamente el 40 por ciento
de los casos. En el 60 por ciento de los casos en que se afectan los
riñones, aproximadamente un tercio parece ser causado por anticuerpos
que atacan a los glomérulos; de éste, cerca de la mitad
se debe a causas desconocidas y el resto está provocado por el
depósito, en los riñones, de anticuerpos y antígenos
que se han formado en otra parte del cuerpo (enfermedad por complejos
inmunes).
Se desconoce la causa por la cual el organismo produce
anticuerpos contra sus propios glomérulos. La producción
de estos anticuerpos perjudiciales puede estar relacionada con infecciones
víricas o con trastornos autoinmunes como el lupus eritematoso
sistémico. En algunos sujetos que desarrollan anticuerpos contra
sus glomérulos, los anticuerpos también reaccionan contra
los alvéolos pulmonares, produciendo el síndrome de Goodpasture,
un proceso en el que se afectan los pulmones y los riñones. Los
hidrocarburos, tales como el etilenglicol, el tetracloruro de carbono,
el cloroformo y el tolueno, pueden lesionar los glomérulos, pero
en cambio no provocan una reacción inmune ni la producción
de anticuerpos.
Síntomas y diagnóstico
La debilidad, el cansancio y la fiebre son los síntomas
iniciales más evidentes. Las náuseas, la pérdida
del apetito, los vómitos, el dolor articular y el dolor abdominal
también son frecuentes. Aproximadamente en el 50 por ciento de
los casos, un mes antes de aparecer los signos de insuficiencia renal
se ha tenido una enfermedad de tipo gripal. Estas personas tienen hinchazón
(edema) provocada por la retención de líquidos y, generalmente,
producen muy poca orina.
La hipertensión arterial es poco frecuente
y casi nunca es grave cuando se manifiesta. Si están afectados
los pulmones (síndrome de Goodpasture), es frecuente toser y
escupir con sangre y presentar dificultad para respirar.
Con frecuencia se ve sangre en la orina y también
es posible encontrar grupos de glóbulos rojos en un examen microscópico
de la misma. Los análisis de sangre detectan anemia, a veces
grave, y generalmente también un número anormalmente elevado
de glóbulos blancos. Los análisis de sangre para evaluar
la función renal detectan la acumulación de productos
tóxicos de desecho.
Al principio, la ecografía o las radiografías
pueden evidenciar un aumento del tamaño de los riñones,
pero luego se van reduciendo gradualmente. A menudo, se extrae una muestra
de tejido renal con una aguja y se envía al laboratorio para
su examen al microscopio (biopsia) con el fin de confirmar el diagnóstico
y asegurarse de que la persona no sufre otra afección que podría
ser tratada eficazmente.
Pronóstico
El pronóstico se realiza teniendo en cuenta
la gravedad de los síntomas, que son muy variables. Debido a
que los síntomas iniciales son sutiles, muchas personas que sufren
esta enfermedad no se dan cuenta que están enfermas y no van
al médico hasta que la insuficiencia renal se agrava. Los sujetos
que desarrollan insuficiencia renal mueren en el curso de pocas semanas
a menos que sean sometidas a diálisis.
El pronóstico también depende de la
causa y de la edad de la persona afectada. Cuando la causa es una enfermedad
autoinmune, en la que el organismo produce anticuerpos contra sus propias
células, el tratamiento, por lo general, mejora la situación.
Cuando la causa es desconocida o la persona es de edad avanzada, el
pronóstico es grave. Generalmente, los casos no tratados desarrollan
insuficiencia renal en el término de dos años.
Tratamiento
Cuando los médicos sospechan un síndrome
nefrítico rápidamente progresivo, se lleva a cabo una
biopsia renal lo más pronto posible, de modo que se pueda confirmar
el diagnóstico, establecer el pronóstico y plantear el
tratamiento. También se efectúan análisis de sangre
para la detección de anticuerpos y pruebas para la detección
de infecciones.
Cuando los resultados de la biopsia muestran una
enfermedad grave de los glomérulos, se inicia inmediatamente
un tratamiento con fármacos para obtener la máxima eficacia.
Por norma general, se administran corticosteroides por vía endovenosa
a dosis elevadas durante una semana aproximadamente y, luego, por vía
oral. Se puede suministrar también ciclofosfamida o azatioprina,
fármacos que inhiben el sistema inmune. Además, puede
efectuarse también una plasmaféresis, procedimiento en
el que se retira sangre del cuerpo, se filtra a través de un
aparato que extrae los anticuerpos y luego se devuelve al cuerpo.
Si la enfermedad ha evolucionado a una etapa más
avanzada, la diálisis puede ser el único tratamiento útil.
La alternativa es el trasplante de riñón, aunque la enfermedad
original puede afectar al riñón trasplantado.
Síndrome nefrótico
El síndrome nefrótico es un síndrome
(un grupo de síntomas) causado por muchas enfermedades que afectan
a los riñones, dando como resultado una pérdida importante
y prolongada de proteínas por la orina, valores sanguíneos
de proteínas disminuidos (especialmente la albúmina),
retención excesiva de sal y agua y valores aumentados de grasas
(lípidos) en la sangre.
El
síndrome nefrótico puede manifestarse a cualquier edad.
En los niños, es más frecuente entre los 18 meses y los
4 años de edad, siendo los niños más afectados
que las niñas. En las personas de edad avanzada, ambos sexos
se ven afectados por igual.
Causas
El síndrome nefrótico puede estar
causado por cualquiera de las glomerulopatías o por una amplia
gama de enfermedades. Ciertas drogas que son tóxicas para los
riñones pueden también causar el síndrome nefrótico,
como es el caso del uso de heroína por vía endovenosa.
El síndrome puede estar asociado a una cierta sensibilidad de
la persona para desarrollarlo. Algunos tipos del síndrome son
hereditarios.
El síndrome nefrótico que está
asociado al virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) se produce principalmente
en personas de etnia negra que padecen la infección. El síndrome
evoluciona a una insuficiencia renal completa en 3 o 4 meses.
Síntomas
Los síntomas iniciales incluyen falta de
apetito, sensación de malestar generalizado, edema de los párpados,
dolor abdominal, pérdida de masa muscular, hinchazón de
los tejidos por el exceso de sal y la retención de líquido
y orina espumosa. El abdomen puede estar aumentado de volumen por la
gran acumulación de líquido, mientras que el líquido
acumulado en el espacio que circunda los pulmones (derrame pleural)
puede producir asfixia. Otros síntomas son la tumefacción
de las rodillas y, en los varones, del escroto. Con frecuencia, el líquido
que causa la inflamación de los tejidos se desplaza por el cuerpo,
acumulándose en los párpados, visible al levantarse por
la mañana, y en los tobillos al cabo del día. La pérdida
de masa muscular puede estar enmascarada por la hinchazón.
En los niños se puede presentar un descenso
de la presión arterial cuando se ponen de pie y, en general,
hipotensión arterial, que puede conducir al shock. Los adultos
pueden tener una presión baja, normal o hipertensión arterial.
La producción de orina puede disminuir y se puede desarrollar
insuficiencia renal a causa del bajo volumen de sangre y del escaso
suministro de sangre al riñón.
Ocasionalmente, se produce de forma repentina insuficiencia
renal con una baja producción de orina. Cuando la persona visita
por primera vez al médico, las concentraciones de proteínas
en la orina son, por lo general, elevadas.
Las deficiencias nutricionales pueden ser el resultado
de la pérdida de nutrientes, como la glucosa, en la orina. Se
puede retrasar el crecimiento y se puede perder el calcio de los huesos.
El cabello y las uñas pueden volverse frágiles y puede
haber caída del cabello. Por razones desconocidas, pueden aparecer
líneas blancas horizontales en la base de las uñas.
El revestimiento abdominal (peritoneo) puede inflamarse
(peritonitis). Son frecuentes las infecciones oportunistas (infecciones
causadas por bacterias normalmente inofensivas). Se piensa que la alta
incidencia de infección se debe al hecho de que los anticuerpos
que normalmente las combaten se pierden por la orina o no se producen
en cantidades normales. La coagulación sanguínea se altera,
incrementando significativamente el riesgo de coagulación en
el interior de los vasos sanguíneos (trombosis), especialmente
dentro de la vena principal del riñón. Por el contrario,
puede suceder que la sangre no se coagule, lo que generalmente conduce
a presentar sangrados excesivos. La hipertensión arterial con
complicaciones que afectan al corazón y al cerebro es más
probable que se produzca en las personas que sufren de diabetes y en
las que padecen una enfermedad del tejido conectivo.
Diagnóstico
El diagnóstico de síndrome nefrótico
se basa en los síntomas y en los exámenes complementarios.
Los análisis de orina detectan concentraciones elevadas de proteínas
con agrupaciones de células (cilindros). La concentración
de albúmina en la sangre es baja, debido a que esta proteína
vital se pierde por la orina y su síntesis es insuficiente. Los
valores de sodio en la orina son bajos y los del potasio son altos.
Las concentraciones de lípidos (grasas) en
la sangre son elevadas, a veces hasta 10 veces por encima de lo normal
o incluso más. Las concentraciones de lípidos en la orina
son también elevadas. Puede haber anemia. Los factores de coagulación
sanguíneos pueden estar elevados o bajos.
El médico investiga las posibles causas del
síndrome nefrótico, incluyendo los fármacos. Los
análisis de orina y de sangre pueden revelar un trastorno subyacente.
Si la persona pierde peso o es de edad avanzada, debe buscarse un cáncer.
Una biopsia de riñón es especialmente útil para
la clasificación del tipo de lesiones.
Pronóstico
El pronóstico varía dependiendo de
la etiología del síndrome nefrótico, de la edad
y del tipo de lesión renal que se haya observado en el examen
al microscopio del tejido obtenido por biopsia. Los síntomas
pueden llegar a desaparecer por completo cuando el síndrome nefrótico
es debido a un trastorno que se puede tratar, como una infección,
un cáncer, o por fármacos. Esta situación se da
en alrededor de la mitad de los casos que se presentan en los niños,
pero con menor frecuencia en los adultos. El pronóstico es generalmente
bueno si el trastorno subyacente responde a los corticosteroides. Cuando
el síndrome ha sido causado por la infección por el VIH,
por lo general no se detiene. Los niños nacidos con síndrome
nefrótico casi nunca sobreviven más allá del primer
año, aunque unos pocos han sobrevivido gracias a la diálisis
o al trasplante de riñón.
El síndrome nefrótico tiene el mejor
pronóstico cuando está causado por un tipo leve de glomerulonefritis,
la enfermedad de cambios mínimos. El 90 por ciento de los niños
y muchos adultos responden al tratamiento. La enfermedad raras veces
evoluciona a insuficiencia renal, aunque es probable que recidive. Sin
embargo, después de haber pasado un año sin que se produzcan
síntomas, es poco probable que haya una recidiva.
La glomerulonefritis membranosa, el tipo más
grave de glomerulonefritis que provoca el síndrome nefrótico,
afecta principalmente a los adultos y evoluciona lentamente a insuficiencia
renal en el 50 por ciento de los mayores de 15 años. El 50 por
ciento restante está libre de la enfermedad o tiene una presencia
persistente de proteínas en la orina, pero con un funcionamiento
renal normal. En la mayoría de los niños que sufren de
glomerulonefritis membranosa, las proteínas en la orina desaparecen
espontáneamente en el término de los 5 años posteriores
al diagnóstico de la enfermedad.
Otros dos tipos, el síndrome nefrótico
familiar y la glomerulonefritis membranoproliferativa, responden escasamente
al tratamiento y su pronóstico es menos optimista. Más
de la mitad de los sujetos que tienen el tipo familiar desarrollan insuficiencia
renal antes de 10 años. En el 20 por ciento, el pronóstico
es incluso peor: la insuficiencia renal grave aparece antes de dos años.
La enfermedad avanza más rápidamente en los adultos que
en los niños. En el caso de la glomerulonefritis membranoproliferativa
el 50% de las personas evolucionan hacia la insuficiencia renal en los
primeros 10 años; la enfermedad desaparece en menos del 5 por
ciento de los casos. Otro tipo, la glomerulonefritis proliferativa mesangial,
prácticamente jamás responde a los corticosteroides.
Cuando el síndrome nefrótico es provocado
por el lupus eritematoso sistémico, una amiloidosis o la diabetes,
el tratamiento es principalmente sintomático más que curativo.
Aunque los tratamientos más recientes del lupus eritematoso sistémico
reducen los síntomas y estabilizan o corrigen los resultados
anormales de las pruebas, en la mayoría de los casos se produce
una insuficiencia renal progresiva. En el síndrome nefrótico
de la diabetes, la insuficiencia renal grave generalmente se desarrolla
en 3 a 5 años.
En los casos de síndrome nefrótico
provocado por una infección, una alergia o el uso de heroína
por vía endovenosa, el pronóstico varía en función
de la rapidez y la eficacia con que se trata el trastorno subyacente.
Tratamiento
El tratamiento debe estar dirigido contra la causa
subyacente. El tratamiento de una infección que causa el síndrome
nefrótico puede curar éste. Cuando el síndrome
está provocado por una enfermedad curable, como la enfermedad
de Hodgkin u otra clase de cáncer, el tratamiento de la misma
puede eliminar los síntomas renales. Si un adicto a la heroína
que sufre de síndrome nefrótico deja de usar la droga
en las etapas iniciales de la enfermedad, los síntomas pueden
desaparecer. Los sujetos sensibles a la luz solar, al veneno de roble,
al zumaque venenoso o a las picaduras de insectos deben evitar estos
irritantes. Las inyecciones alérgicas (desensibilización)
pueden revertir el síndrome nefrótico asociado con los
tres últimos alergenos. Si los responsables del síndrome
son los fár-macos, su interrupción puede eliminar los
problemas renales.
Si no se puede encontrar la causa, se administran
corticosteroides y fármacos, como la ciclofosfamida, que inhiben
el sistema inmune. Sin embargo, estos fármacos causan problemas
a los niños porque pueden retardar el crecimiento y suprimir
el desarrollo sexual.
La terapia general comprende una dieta que contenga
cantidades normales de proteínas y de potasio pero que sea baja
en grasas saturadas y sodio. Ingerir demasiadas proteínas eleva
los valores de proteínas en la orina. Los inhibidores de la enzima
conversora de la angiotensina, como el enalapril, el captopril y el
lisinopril, por lo general hacen decrecer la excreción de proteínas
en la orina y las concentraciones de lípidos en la sangre. Sin
embargo, estos fármacos pueden incrementar la concentración
de potasio en la sangre, en los pacientes que padecen una disfunción
renal entre moderada y grave.
Cuando se acumula líquido en el abdomen,
realizar pequeñas comidas con frecuencia puede ayudar a reducir
los síntomas. La hipertensión arterial se trata generalmente
con diuréticos. Los diuréticos pueden también disminuir
la retención de líquidos y el encharcamiento de los tejidos,
pero pueden incrementar el riesgo de que se formen coágulos de
sangre. Los anticoagulantes pueden ayudar a controlar la formación
de coágulos. Las infecciones pueden ser potencialmente mortales
y deben tratarse inmediatamente.
Síndrome nefrítico crónico
El síndrome nefrítico crónico
(glomerulonefritis crónica, enfermedad glomerular lentamente
progresiva) es un trastorno que ocurre en el curso de varias enfermedades
en las cuales se lesionan los glomérulos y la función
renal se deteriora al cabo de años.
La causa es desconocida. En alrededor del 50 por
ciento de los casos con síndrome nefrítico crónico
hay evidencias de una glomerulopatía subyacente, aunque no exista
sintomatología previa.
Síntomas y diagnóstico
Como el síndrome no provoca síntomas
durante años, en la mayoría de los casos pasa inadvertido.
Se desarrolla gradualmente, de tal modo que el médico no es capaz
de decir exactamente cuándo comenzó. Puede descubrirse
durante un examen médico rutinario de una persona sin problemas
de salud, que posee un funcionamiento renal normal y que no tiene ningún
indicio de problemas, con excepción de la presencia de proteínas
y posiblemente de glóbulos rojos en la orina.
En otros casos, una persona puede tener insuficiencia
renal con náuseas, vómitos, dificultad para respirar,
picor o cansancio. Puede haber retención de líquidos (edema)
y es frecuente la hipertensión arterial.
Dado que los síntomas de muchas enfermedades
renales son idénticos, una biopsia de riñón es
el método más fiable para poder distinguirlas en las primeras
etapas. Casi nunca se lleva a cabo una biopsia en los estadios avanzados,
cuando los riñones están atrofiados y endurecidos, debido
a que la posibilidad de obtener información específica
sobre la causa es mínima.
Pronóstico y tratamiento
Aunque se han intentado muchas formas de terapia,
ninguna de ellas ha impedido que la enfermedad progrese. Se piensa que
puede ser útil disminuir la presión arterial por medio
de fármacos y restringir el consumo de sodio. La restricción
de la ingestión de proteínas es modestamente útil
para disminuir la velocidad de deterioro del riñón. La
insuficiencia renal debe ser tratada con diálisis o trasplante
de riñón.
Nefritis tubulointersticial
La nefritis tubulointersticial puede ser aguda o
crónica. Puede ser causada por varias enfermedades, fármacos
o ciertas condiciones que lesionan los riñones.
Nefritis tubulointersticial aguda
La nefritis tubulointersticial aguda es una insuficiencia
renal que comienza bruscamente y que está provocada por lesiones
de los túbulos del riñón y de los tejidos que los
rodean.
La causa más frecuente de nefritis tubulointersticial
aguda es un fármaco, al cual el sujeto es alérgico, o
bien le provoca una intoxicación directa (una reacción
tóxica), que puede ser provocada por fármacos como la
anfotericina B y los aminoglucósidos. Una reacción alérgica
puede ser desencadenada por fármacos como la penicilina, las
sulfonamidas, los diuréticos y los fármacos antiinflamatorios
no esteroideos, incluyendo la aspirina.
Otras causas incluyen una infección bacteriana
de los riñones (pielonefritis), ciertas formas de cáncer
como la leucemia y el linfoma, y las enfermedades hereditarias.
Los síntomas son muy variables. Algunas personas
desarrollan los síntomas de una infección de las vías
urinarias: fiebre, micción dolorosa, pus en la orina y dolor
en la parte baja de la espalda (zona lumbar) o en el costado. Otras
tienen pocos síntomas, pero los exámenes complementarios
detectan señales de insuficiencia renal. El volumen de orina
producido puede ser normal o inferior al habitual.
La orina puede ser casi normal, con sólo
indicios de proteínas o de pus, pero, con frecuencia, las alteraciones
son muy llamativas. La orina puede contener proteínas con valores
lo suficientemente altos como para ser propios de un síndrome
nefrótico, sangre evidente a simple vista o al microscopio, o
pus que contiene eosinófilos, un tipo de células sanguíneas
blancas. Los eosinófilos pocas veces aparecen en la orina, pero
cuando lo hacen, esta persona, casi con total seguridad, tendrá
una nefritis tubulointersticial aguda causada por una reacción
alérgica.
Cuando la causa es una reacción alérgica,
los riñones están generalmente agrandados debido a la
inflamación provocada por la alergia. El intervalo entre la exposición
al alergeno que ha causado la reacción y el desarrollo de las
alteraciones renales varía entre 5 días y 5 semanas. Otros
síntomas de una reacción alérgica son la fiebre,
una erupción cutánea y un creciente número de eosinófilos
en la sangre.
Una biopsia de riñón es el único
medio definitivo para diagnosticar este trastorno.
Algunas personas deben ser tratadas por la insuficiencia
renal aguda. La función renal generalmente se restablece una
vez que se interrumpe el fármaco perjudicial, aunque es frecuente
que se desarrollen algunas cicatrices en el riñón.
En algunos casos, el daño producido es irreversible.
La terapia con corticosteroides puede acelerar la recuperación
de la función renal cuando el trastorno ha sido causado por una
reacción alérgica.
Nefritis tubulointersticial crónica
La nefritis tubulointersticial crónica es
cualquier enfermedad renal crónica en la que las lesiones de
los túbulos o del tejido circundante son más llamativas
que las de los glomérulos o de los vasos sanguíneos.
Este tipo de trastorno es el responsable de alrededor
de un tercio de todos los casos de insuficiencia renal crónica.
Aproximadamente el 20 por ciento de los casos de nefritis tubulointersticial
crónica son el resultado de la ingestión prolongada de
un fármaco o un tóxico. El 80 por ciento restante puede
acompañar a diversas enfermedades.
Ciertos síntomas son comunes a todos los
tipos de nefritis tubulointersticial crónica. Por lo general,
la hinchazón o tumefacción visible de los tejidos (edema),
resultado de la retención de líquido, no está presente.
En la orina se pierden pocas proteínas y es poco frecuente la
presencia de sangre en la misma. La presión arterial es normal
o sólo ligeramente superior a la normal en las primeras etapas
de la enfermedad. Si en la orina aparece una gran cantidad de proteínas
o de sangre, por lo general es señal de que la enfermedad glomerular
se encuentra también presente. Cuando los túbulos renales
no están funcionando normalmente, los síntomas son similares
a los de la nefritis tubulointersticial aguda. En algunos tipos de nefritis
tubulointersticial crónica se forman cálculos renales.