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TRASTORNOS DE LA SANGRE
CAPITULO 152
Biología de la sangre
La sangre es una combinación de líquido,
células y partículas parecidas a las células que
circulan por las arterias, los capilares y las venas suministrando oxígeno
y nutrientes esenciales a los tejidos y retirando anhídrido carbónico
y otros productos de desecho.
Desarrollo de las células sanguíneas
Las células tallo se dividen y siguen
diferentes vías de crecimiento, transformándose
en distintos tipos de células sanguíneas y plaquetas.
En este diagrama se omiten varias formas intermedias.
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Componentes líquidos
Más de la mitad de la sangre está
formada por un líquido (plasma), compuesto principalmente por
agua que contiene sales disueltas y proteínas. La proteína
que más abunda en el plasma es la albúmina. Otras proteínas
son anticuerpos (inmunoglobulinas) y factores que intervienen en la
coagulación. El plasma contiene también hormonas, electrólitos,
grasas, azúcares, minerales y vitaminas.
El plasma no sólo transporta células
sanguíneas sino que además constituye una reserva de agua
para el cuerpo, impidiendo el colapso y la alteración de los
vasos sanguíneos y ayudando a mantener la presión arterial
y la circulación en todo el organismo.
Otra función, incluso más importante,
es la de proteger al organismo de las sustancias extrañas como
virus, bacterias, hongos y células cancerosas. Esta función
es realizada por los anticuerpos que se encuentran en el plasma, mientras
que las proteínas de la coagulación controlan el sangrado.
También el plasma refresca y calienta el cuerpo según
sus necesidades, además de transportar las hormonas y regular
sus efectos.
Componentes celulares
Los componentes celulares de la sangre son los glóbulos
rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas, que se encuentran
suspendidos en el plasma.
Los glóbulos rojos (eritrocitos) son los
más numerosos de los tres componentes celulares y normalmente
componen casi la mitad del volumen sanguíneo. Estas células
están llenas de hemoglobina, lo que les permite transportar oxígeno
desde los pulmones hasta los tejidos de todo el cuerpo.
Así, las células consumen el oxígeno
que les proporciona energía y liberan el anhídrido carbónico
como un producto de desecho que los glóbulos rojos retiran de
los tejidos y llevan hasta los pulmones.
La cantidad de glóbulos blancos (leucocitos)
es menor, con una proporción de aproximadamente un glóbulo
blanco por cada 660 glóbulos rojos. Existen cinco tipos principales
de glóbulos blancos que funcionan de forma conjunta, constituyendo
los principales mecanismos de defensa del organismo contra las infecciones,
incluida la producción de anticuerpos.

Los neutrófilos, también llamados granulocitos
porque contienen gránulos con enzimas, forman el tipo de glóbulos
blancos más numeroso. Ayudan a proteger al cuerpo de las infecciones
bacterianas y fúngicas y fagocitan partículas extrañas.
Se dividen en dos tipos: neutrófilos en banda o cayados (inmaduros)
y neutrófilos segmentados (maduros).
Los linfocitos se dividen en dos grupos principales:
los linfocitos T, que permiten al organismo defenderse contra las infecciones
víricas, pero que también pueden detectar y destruir algunas
células cancerosas, y los linfocitos B, que se transforman en
células plasmáticas que producen anticuerpos.
Los monocitos ingieren las células muertas
o dañadas y eliminan agentes infecciosos, proporcionando así
las defensas inmunológicas necesarias al organismo.
Los eosinófilos se encargan de matar algunos
parásitos y de destruir algunas células cancerosas y también
participan en ciertas respuestas alérgicas, al igual que los
basófilos.
Las plaquetas (trombocitos), partículas parecidas
a las células (no son realmente células), son más
pequeñas que los glóbulos rojos o blancos y forman parte
de los mecanismos necesarios para detener una hemorragia a nivel de
un punto sangrante donde se acumulan y se activan.
Una vez activadas, se vuelven pegajosas y se agrupan
para formar un tapón que ayuda a obturar dicho punto y a detener
el sangrado. Al mismo tiempo, liberan sustancias que favorecen la coagulación.
Los glóbulos blancos no circulan libremente
en el flujo sanguíneo, como los glóbulos rojos. Muchos
de ellos se adhieren a las paredes de los vasos sanguíneos o
incluso las atraviesan para entrar en otros tejidos. Cuando los glóbulos
blancos alcanzan el sitio de una infección, por ejemplo, liberan
sustancias que atraen más glóbulos blancos. Las células
blancas funcionan como un ejército; están dispersas en
todo el organismo pero preparadas para la orden inmediata de agruparse
y expulsar cualquier organismo invasor.
Formación de las células de la sangre
Los glóbulos rojos, los glóbulos blancos
y las plaquetas se originan en la médula ósea. Pero aun
siendo glóbulos blancos, los linfocitos se producen también
en los ganglios linfáticos, en el bazo y en el timo, pequeña
glándula que se encuentra cerca del corazón que funciona
solamente en niños y adultos jóvenes y donde se originan
y maduran los llamados linfocitos T.
Dentro de la médula ósea, todas las
células sanguíneas se originan a partir de un solo tipo
de célula llamada célula madre. Esta célula madre
se divide en células inmaduras que van dividiéndose a
su vez y van madurando hasta llegar a los tres tipos presentes en la
sangre.
La velocidad de la producción de las células
sanguíneas es controlada según las necesidades del cuerpo.
Cuando el volumen de oxígeno de los tejidos corporales o el número
de glóbulos rojos disminuye, los riñones producen y liberan
la eritropoyetina, una hormona que estimula a la médula ósea
para producir más glóbulos rojos. En caso de infecciones,
la médula ósea produce y libera más glóbulos
blancos mientras que, ante una hemorragia, produce más plaquetas.
Análisis de sangre
Los médicos emplean diferentes análisis
de sangre para diagnosticar y controlar las enfermedades. Algunos de
esos análisis determinan los componentes y la función
de la propia sangre; otros determinan sustancias que se hallan disueltas
en la sangre para saber cómo están funcionando otros órganos.
El análisis de sangre que más frecuentemente
se realiza es el recuento completo de los glóbulos, o sea una
evaluación básica de los distintos componentes celulares
de la sangre.
Extracción de una muestra de
médula ósea
Las muestras de la médula ósea
generalmente se obtienen del hueso de la cadera (cresta ilíaca).
La persona se recuesta de lado, dando la espalda al médico
y flexionando la rodilla de la pierna que está encima
de la otra. Tras anestesiar la piel y el tejido que se encuentra
sobre el hueso, el médico inserta la aguja en el hueso
y absorbe la médula.
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Las máquinas automatizadas realizan este análisis
con una pequeña gota de sangre en menos de un minuto. Además
de determinar el número de células sanguíneas y
de plaquetas, el porcentaje de cada tipo de glóbulos blancos
y la cantidad de hemoglobina, el recuento completo de las células
sanguíneas habitualmente evalúa el tamaño y la
forma de los glóbulos rojos.
Los glóbulos rojos anormales pueden fragmentarse
o adoptar forma de lágrima, de media luna o de aguja. El conocimiento
de una forma o de un tamaño anormal y específico puede
ayudar al médico a diagnosticar una enfermedad.
Por ejemplo, las células con forma de hoz
son características de la drepanocitosis, los glóbulos
rojos pequeños pueden señalar una fase precoz de una falta
de hierro y los glóbulos rojos ovalados y grandes sugieren un
déficit de ácido fólico o de vitamina B12 (anemia
perniciosa).
Otros análisis ofrecen información
adicional sobre las células sanguíneas. El recuento de
reticulocitos es el número de glóbulos rojos (reticulocitos)
recién formados (jóvenes) en un determinado volumen de
sangre.
Los reticulocitos normalmente constituyen el uno
por ciento del total de los glóbulos rojos. Cuando el cuerpo
necesita más glóbulos rojos, como sucede en la anemia,
la médula ósea responde normalmente produciendo más
reticulocitos. Así, el recuento de reticulocitos es una medida
de la función de la médula ósea. Los exámenes
para determinar la fragilidad de los glóbulos rojos y las características
de su membrana también ayudan al médico a evaluar las
causas de una anemia.
Los glóbulos blancos pueden contabilizarse
en su número total (recuento de glóbulos blancos). Cuando
se necesita información más detallada, el médico
solicita el recuento de los tipos específicos de los glóbulos
blancos (recuento diferencial de los glóbulos blancos). Las plaquetas
también pueden contarse de forma separada.
Uno de los análisis más frecuentes
que se hace en el plasma es el análisis de electrólitos.
Los electrólitos son el sodio, cloruro, potasio y bicarbonato,
así como sustancias cuantificadas con menor frecuencia, como
el calcio, el magnesio y el fosfato. Otros exámenes cuantifican
las proteínas (habitualmente albúmina), el azúcar
(glucosa) y los productos tóxicos que los riñones suelen
eliminar (creatinina y nitrógeno ureico sanguíneo).
La mayoría de los otros exámenes de
la sangre contribuye a controlar la función de otros órganos,
ya que la sangre transporta muchísimas sustancias esenciales
para el funcionamiento del organismo. Además, el análisis
de sangre es relativamente fácil.
Por ejemplo, la función tiroidea puede ser
evaluada con mayor facilidad midiendo el valor de las hormonas tiroideas
en la sangre que examinando directamente una muestra de tiroides. De
la misma manera, cuantificar en la sangre las enzimas y las proteínas
del hígado es más fácil que examinar una muestra
de este último.
Examen de la médula ósea
A veces debe examinarse una muestra de la médula
ósea para determinar por qué las células de la
sangre son anormales. El médico puede tomar dos tipos diferentes
de muestras de la médula ósea: una aspiración y
una biopsia.
| Punción esternal |
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Habitualmente ambas pruebas se realizan en el hueso
de la cadera (cresta ilíaca), aunque las aspiraciones a veces
se realizan en un hueso del tórax (esternón). En los niños
pequeños, se realizan en un hueso de la espalda (vértebra)
o de la pierna (tibia).
Las dos muestras suelen extraerse simultáneamente,
tras anestesiar la piel y el tejido que cubren el hueso.
Para la extracción, el médico aspira
con la jeringa una cantidad pequeña de la médula ósea
blanda que se coloca en un portaobjetos para su examen al microscopio.
Con la muestra pueden realizarse exámenes especiales, como cultivos
para bacterias, hongos o virus y análisis de cromosomas. Aunque
la aspiración a menudo proporciona suficiente información
para hacer un diagnóstico, el proceso de aspirar la médula
con la jeringa rompe y desordena la frágil médula ósea.
En consecuencia, es bastante difícil determinar la disposición
original de las células.
Cuando es importante determinar la relación
anatómica exacta entre los distintos tipos de células,
así como la estructura de los tejidos evaluados, se realiza también
una biopsia nuclear. Se extrae un pequeño fragmento de médula
ósea intacta gracias a un dispositivo dentro de una aguja especial.
El fragmento se corta en láminas delgadas que se colocan en un
portaobjetos para examinarlas al microscopio.
El hecho de extraer un fragmento de médula
ósea generalmente sólo ocasiona un dolor ligero, seguido
por un malestar mínimo. El procedimiento requiere sólo
algunos minutos.