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CANCER
CAPITULO 166
Tratamiento del cáncer
El tratamiento eficaz del cáncer debe
dirigirse no sólo al tumor principal, sino también a los
tumores que puedan aparecer, por extensión, en otras partes del
organismo (metástasis). Por consiguiente, la cirugía o
la radioterapia que se aplican en áreas específicas del
cuerpo a menudo se combinan con la quimioterapia, que alcanza todo el
organismo. Aun cuando la curación no es posible, los síntomas
suelen aliviarse con terapias paliativas, mejorando la calidad de vida
y la supervivencia.
Respuesta al tratamiento
Las personas tratadas de cáncer, deben ser
seguidas para observar cómo responden a la terapia. El tratamiento
más eficaz es el que produce la curación. La curación
se define como una remisión completa en la cual desaparece toda
evidencia del cáncer (respuesta completa). Los investigadores
algunas veces estiman la curación en términos de porcentajes
de supervivencia libre de enfermedad en un período de 5 o 10
años; se entiende que en este tiempo el cáncer desaparece
completamente y no recidiva. En una respuesta parcial, el tamaño
de uno o más tumores se reduce a menos de la mitad; esta respuesta
puede atenuar los síntomas y prolongar la vida, aunque el cáncer
vuelva a crecer. El tratamiento menos eficaz es aquel en el que no se
produce ningún tipo de respuesta.

Algunas veces un cáncer desaparece completamente
pero reaparece más tarde; el intervalo entre estos dos sucesos
se denomina tiempo de supervivencia libre de enfermedad. El intervalo
entre la respuesta completa y el momento del fallecimiento se considera
el tiempo total de supervivencia. En las personas que tienen una respuesta
parcial, la duración de ésta se mide desde el momento
en que la respuesta se presenta hasta el momento en que el cáncer
comienza a crecer o a extenderse otra vez.
Algunos cánceres tienen una buena respuesta
a la quimioterapia. Otros mejoran pero no se curan. Algunos cánceres
(melanoma, cáncer de las células renales, cáncer
pancreático o de cerebro) responden muy poco a la quimioterapia
y se dice que son resistentes. Otros (cáncer de mama, cáncer
de células pequeñas del pulmón, leucemia) pueden
tener una excelente respuesta inicial a la quimioterapia, pero después
de repetidos tratamientos pueden desarrollar resistencia a los fármacos.
Ya que existen genes resistentes a varios fármacos tanto en las
células normales como en las cancerosas, la exposición
a un fármaco sólo puede hacer que el tumor se vuelva resistente
a otros fármacos sin ninguna relación entre sí.
Se supone que estos genes existen para proveer a las células
los medios necesarios para evitar su destrucción por un material
nocivo. Como resultado, la célula puede expulsar el fármaco
en defensa propia, haciendo que la terapia sea eficaz. Los investigadores
están tratando de determinar cómo suprimir la actividad
de estos genes.
Las leucemias agudas, linfoblástica y mieloblástica,
son dos cánceres potencialmente curables. La enfermedad de Hodgkin
y muchos otros linfomas (linfoma difuso de células grandes, linfoma
de Burkitt y linfoma linfoblástico) se curan en aproximadamente
un 80 por ciento de niños y adultos. La quimioterapia cura más
del 90 por ciento de los varones que tiene cáncer testicular
avanzado y cerca del 98 por ciento de las mujeres con coriocarcinoma
(un cáncer de útero).
Cirugía
La cirugía es una de las formas más
antiguas de terapia de cáncer. El tratamiento y las perspectivas
(pronóstico) son determinados principalmente por el estudio de
la gravedad del cáncer y su extensión a otros órganos
a través de un proceso denominado estadiaje. Es de vital importancia
consultar al médico tan pronto como sea posible, ya que algunos
cánceres pueden curarse con sólo cirugía cuando
se tratan en sus estadios iniciales.

Radioterapia
La radiación destruye sobre todo las células
que se dividen rápidamente. Por lo general, esto significa que
se trata de un cáncer, pero la radiación puede también
dañar los tejidos normales, especialmente aquellos en los cuales
las células se reproducen normalmente de forma rápida,
como la piel, los folículos capilares, la pared interna de los
intestinos, los ovarios, los testículos y la médula ósea.
Precisar al máximo el foco de irradiación es lo que más
protege a las células normales.
Las células que tienen una adecuada oxigenación
son más susceptibles a los efectos de la radiación. A
las células cercanas al centro de un tumor de gran tamaño,
a veces les llega poca sangre y por tanto poca cantidad de oxígeno.
A medida que el tumor se hace más pequeño, las células
supervivientes parecen obtener mayor suministro de sangre, lo cual las
hace más vulnerables a la siguiente dosis de radiación.
Así, repartiendo la radiación en dosis repetidas durante
un período prolongado, aumenta el efecto letal sobre las células
del tumor y disminuye el efecto tóxico sobre las células
normales. El plan de tratamiento apunta a la máxima reparación
de las células y tejidos normales, ya que las células
tienen la capacidad de recuperarse por sí mismas después
de haber sido expuestas a la radiación.
La radioterapia se lleva a cabo habitualmente con
un equipo denominado acelerador lineal. Los rayos se aplican muy cerca
del tumor y el grado en que los rayos afectarán adversamente
a los tejidos normales depende del tamaño del área irradiada
y de su proximidad a esos tejidos. Por ejemplo, la radiación
en los tumores de la cabeza o del cuello causan a menudo inflamación
de las membranas mucosas en la nariz y en la boca, produciendo dolor
y ulceraciones, mientras que en el estómago o en el abdomen suele
producir inflamación del estómago (gastritis) y del intestino
grueso (enteritis), provocando diarrea.
La radioterapia desempeña un papel principal
en la curación de muchos cánceres, como la enfermedad
de Hodgkin, el linfoma no hodgkiniano en estadios iniciales, el cáncer
de células escamosas de la cabeza y del cuello, el seminoma (un
cáncer testicular), el cáncer de próstata, el cáncer
de mama en un estadio inicial el cáncer de pulmón de células
no pequeñas en estadio inicial y el meduloblastoma (un tumor
del cerebro o de la médula espinal). Para los cánceres
primarios de laringe y próstata, el porcentaje de curación
es prácticamente el mismo con radioterapia y con cirugía.
La radioterapia puede reducir los síntomas
cuando un cáncer no tiene posibilidad de curación, como
en el mieloma múltiple y en los cánceres avanzados de
cabeza y cuello, pulmón, esófago y estómago. Puede
también aliviar los síntomas causados por la metástasis
en los huesos o en el cerebro.
Quimioterapia
El fármaco anticanceroso ideal es el que
pudiera destruir sólo las células cancerosas sin dañar
las normales, pero este fármaco no existe. A pesar del estrecho
margen entre el beneficio y el daño, muchas personas con cáncer
pueden tratarse con fármacos anticancerosos (quimioterapia) y
algunas pueden curarse. Actualmente, se pueden minimizar los efectos
secundarios de la quimioterapia.
Los
fármacos anticancerosos están agrupados en varias categorías:
agentes alquilantes, antimetabolitos, alcaloides derivados de plantas,
antibióticos antitumorales, enzimas, hormonas y modificadores
de la respuesta biológica. A menudo, dos o más fármacos
se utilizan en combinación. El motivo principal de la quimioterapia
combinada es utilizar fármacos que actúen sobre diferentes
partes del proceso metabólico de las células, incrementando
así la probabilidad de que puedan morir muchas más células
cancerosas. Además, los efectos secundarios tóxicos de
la quimioterapia se pueden reducir cuando se combinan fármacos
con diferentes toxicidades, cada uno en una dosis más baja de
la que se hubiera necesitado si se usara solo. Por último, algunas
veces se combinan fármacos con propiedades muy diferentes. Por
ejemplo, los fármacos que matan las células tumorales
se pueden combinar con los que estimulan el sistema inmunológico
del organismo para luchar contra el cáncer (modificadores de
la respuesta biológica).
Las mostazas nitrogenadas, empleadas como arma en
la I Guerra Mundial, son un ejemplo de un agente alquilante. Los agentes
alquilantes interfieren con la molécula de ADN, alterando su
estructura o función, de tal manera que no puede dividirse, lo
cual evita que la célula se multiplique. La diferencia entre
una dosis benéfica y una que sea nociva, sin embargo, es pequeña.
Los efectos secundarios consisten en náuseas, vómitos,
pérdida de cabello, irritación de la vejiga (cistitis),
con aparición de sangre en la orina, baja cantidad de glóbulos
blancos, glóbulos rojos y plaquetas, disminución de la
cantidad de esperma en los hombres (y posible esterilidad permanente)
y un incremento del riesgo de leucemia.
Los antimetabolitos son un amplio grupo de fármacos
que interfieren en los pasos de la síntesis del ADN o del ARN,
inhibiendo la división celular. Además de provocar los
mismos efectos secundarios que los agentes alquilantes, ciertos antimetabolitos
causan urticaria, oscurecimiento de la piel (aumentan la pigmentación)
o insuficiencia renal.
Los alcaloides derivados de las plantas son fármacos
que pueden detener la división de la célula, evitando
la formación de nuevas células. Los efectos secundarios
son similares a los producidos por los agentes alquilantes.
Los antibióticos antitumorales causan daño
al ADN, inhibiendo la duplicación de las células. Sus
efectos secundarios son similares a los producidos por los agentes alquilantes.
A una persona con leucemia linfoblástica
aguda se le puede administrar asparaginasa, que es una enzima que elimina
de la sangre el aminoácido asparagina, que la leucemia necesita
para continuar su desarrollo. Los efectos secundarios incluyen reacciones
alérgicas que pueden resultar mortales, pérdida del apetito,
náuseas, vómitos, fiebre y aumento de los valores de azúcar
en la sangre.
La hormonoterapia aumenta o disminuye la cantidad
de ciertas hormonas, limitando así el crecimiento de los cánceres
que dependen de estas hormonas o que están inhibidos por ellas.
Por ejemplo, algunos cánceres de mama necesitan estrógenos
para crecer. El tamoxifeno, fármaco antiestrogénico, bloquea
los efectos de los estrógenos y puede reducir el cáncer.
De igual manera, el cáncer de próstata se puede inhibir
con fármacos como los estrógenos o antiestrógenos.
Los efectos secundarios varían según el tipo de hormona
que se tome. Así por ejemplo, suministrar estrógenos a
un varón puede provocar efectos feminizantes, como el aumento
del tamaño de las mamas, y dar fármacos antiestrogénicos
a una mujer puede causarle sofocos y períodos menstruales irregulares.

El interferón, primer modificador de respuesta
biológica efectivo, se utiliza ahora frecuentemente para tratar
el sarcoma de Kaposi y el mieloma múltiple. Otro tipo de inmunoterapia
es la utilización de células inmunoestimuladas (células
asesinas activadas por la linfoquina) para atacar específicamente
tumores como el melanoma y el cáncer de células renales.
Un tratamiento que emplea anticuerpos contra las células tumorales,
marcadas con un material radiactivo o con una toxina, ha demostrado
ser eficaz en el tratamiento de algunos linfomas.
Terapia combinada
Para algunos cánceres, la mejor terapia es
una combinación de cirugía, radiación y quimioterapia.
La cirugía o la radioterapia tratan el cáncer que se encuentra
confinado localmente, mientras que la quimioterapia elimina las células
cancerosas que se han escapado fuera de esta región. Algunas
veces la radiación o la quimioterapia se administran antes de
la cirugía para disminuir el tamaño del tumor, o después
de la misma para destruir cualquier célula cancerosa que haya
quedado. La quimioterapia combinada con la cirugía aumenta el
período de supervivencia para aquellas personas con cáncer
de colon, de mama o de vejiga que se ha extendido hacia los ganglios
linfáticos cercanos. La cirugía y la quimioterapia pueden,
en algunas ocasiones, curar el cáncer de ovario avanzado.
El cáncer de recto ha sido tratado con éxito
con quimioterapia y radioterapia. En el cáncer de colon avanzado,
la quimioterapia administrada después de la cirugía puede
prolongar el período de supervivencia libre de enfermedad. Entre
el 20 y el 40 por ciento de los cánceres de cabeza y cuello se
curan con quimioterapia seguida de radioterapia o cirugía. En
los que no se curan, estos tratamientos suelen aliviar los síntomas
(terapia paliativa).

La cirugía, la radioterapia y la quimioterapia
desempeñan cada una un papel fundamental en el tratamiento del
tumor de Wilms y de los rabdomiosarcomas embrionarios. En el tumor de
Wilms, un cáncer de riñón en la infancia, la finalidad
de la cirugía es extirpar el cáncer primario, aunque las
células del tumor se hayan esparcido por otros lugares del cuerpo
lejos del riñón. La quimioterapia comienza al mismo tiempo
que la cirugía y la radioterapia se aplica más tarde para
tratar áreas localizadas donde quedan restos del tumor.
Desafortunadamente, algunos tumores (como los de
estómago, páncreas o riñón) responden sólo
parcialmente a la radioterapia, a la quimioterapia o a la combinación
de ambas. No obstante, estas terapias pueden aliviar el dolor de la
presión y los síntomas que resultan cuando el tumor se
ha infiltrado en los tejidos circundantes. Algunos tumores resistentes
(por ejemplo, el cáncer de pulmón de células no
pequeñas, cáncer esofágico, pancreático
o renal) se pueden tratar para aumentar el período de supervivencia.
El progreso en la terapia del cáncer se ha producido gracias
a las mejores combinaciones de fármacos, a la modificación
de las dosis, y a la mejor coordinación con la radioterapia.
Efectos secundarios del tratamiento
Casi todos los pacientes que reciben quimioterapia
o radioterapia experimentan ciertos efectos secundarios, sobre todo
náuseas o vómitos y disminución de los glóbulos
de la sangre. Las personas tratadas con quimioterapia casi siempre pierden
el cabello. Disminuir los efectos secundarios es un aspecto importante
de la terapia.
Náuseas y vómitos
Las náuseas y los vómitos generalmente
se previenen o se alivian con fármacos (antieméticos).
Las náuseas pueden reducirse sin utilizar fármacos, comiendo
frecuentemente pequeñas cantidades de alimentos y evitando comidas
que contengan una elevada cantidad de fibras, que producen meteorismo,
o que estén muy calientes o muy frías.
Bajo recuento de células de la sangre
La citopenia, una deficiencia de uno o más
tipos de células de la sangre, puede desarrollarse durante la
terapia del cáncer. Por ejemplo, una persona puede presentar
un número anormalmente bajo de glóbulos rojos (anemia),
de glóbulos blancos (neutropenia o leucopenia) o de plaquetas
(trombocitopenia). En general, la citopenia no necesita ser tratada.
Sin embargo, si la anemia es grave, se puede realizar una transfusión
de concentrado de glóbulos rojos. De la misma manera, si la trombocitopenia
es grave, puede realizarse una transfusión de plaquetas para
disminuir el riesgo de hemorragias.
Una persona con neutropenia (un número anormalmente
bajo de neutrófilos, un tipo de glóbulos blancos) es propensa
a contraer una infección. Por esta razón, una temperatura
superior a 37,5 ºC en una persona con neutropenia debe ser tratada
con urgencia, se la examina para detectar una posibleinfección,
pudiendo requerir antibióticos e incluso ingreso en el hospital.
Rara vez se efectúa una transfusión de glóbulos
blancos, dado que sólo sobreviven unas pocas horas y pueden producir
muchos efectos secundarios. En lugar de ello, se pueden administrar
ciertas sustancias (como el factor estimulante de granulocitos) para
estimular la producción de los glóbulos blancos.
Otros efectos secundarios frecuentes
La radioterapia o la quimioterapia pueden causar
inflamación o incluso úlceras en las membranas mucosas,
como en el revestimiento de la boca. Las úlceras de la boca son
dolorosas y hacen que se coma con dificultad. Existen varias soluciones
de administración oral (que en general contienen un antiácido,
un antihistamínico y un anestésico local) que pueden reducir
esas molestias. En raras ocasiones, se administra un complemento nutricional
a través de un tubo de alimentación que se coloca directamente
dentro del estómago o en el intestino delgado, o incluso en una
vena. Existen también diversos fármacos para tratar la
diarrea causada por la radioterapia del abdomen.
Nuevas propuestas y tratamientos en investigación
Una nueva propuesta para tratar el cáncer
se llama quimioterapia a dosis intensa, en la cual se usan especialmente
altas dosis de fármacos. Esta terapia se usa para los tumores
que han reaparecido, aunque hayan tenido una buena respuesta cuando
fueron tratados por primera vez con fármacos. Estos tumores ya
han demostrado que son sensibles al fármaco; la estrategia es
aumentar marcadamente esta dosis para matar más células
cancerosas y de esta manera prolongar la supervivencia.
Sin embargo, la quimioterapia con dosis intensa
puede causar daños en la médula ósea, amenazando
la vida de la persona. Por lo tanto, generalmente se combina con terapia
de rescate, en la cual, antes de aplicar la quimioterapia, se recoge
médula ósea del sujeto. Después del tratamiento,
la médula se vuelve a infundir en el paciente. A veces, pueden
aislarse las células de una muestra de sangre y utilizarlas en
lugar de la médula ósea. Estos tratamientos se han aplicado
en el cáncer de mama, linfomas, enfermedad de Hodgkin y mieloma.
En las personas con leucemia aguda, después
de la quimioterapia con dosis intensa, puede realizarse un verdadero
trasplante de médula ósea de un donante con tejido compatible
(generalmente un hermano o una hermana). Una de las complicaciones que
pueden aparecer es la reacción injerto contra huésped
(rechazo), en la cual el tejido trasplantado destruye los tejidos del
huésped.
Nuevas técnicas de radioterapia, como la
utilización de haces de protones o neutrones, pueden ser útiles
para tratar con éxito ciertos tumores. Los colorantes activados
por radiación y la terapia fotodinámica también
ofrecen grandes esperanzas.
La inmunoterapia se sirve de técnicas como
los modificadores de respuestas biológicas, la terapia con células
asesinas y la terapia humoral (anticuerpos), para estimular al sistema
inmunitario del organismo contra el cáncer. Estas técnicas
se han aplicado para tratar diversos cánceres, como el melanoma,
el cáncer de riñón, el sarcoma de Kaposi y la leucemia.
Finalmente, uno de los más importantes proyectos
terapéuticos es encontrar fármacos que ayuden a prevenir
el cáncer. Los retinoides (derivados de la vita-mina A) han demostrado
ser efectivos reduciendo el porcentaje de recidiva de algunos cánceres,
especialmente los de boca, laringe y pulmones. Desafortunadamente, otros
agentes, como el beta-caroteno y otros antioxidantes similares, no se
ha demostrado que sean eficaces en la prevención del cáncer.