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SECCION 17 > INFECCIONES
 
CAPITULO 172
Inmunizaciones para evitar la infección

Las vacunas contienen partes no infecciosas de bacterias o virus, o bien los microorganismos completos que han sido alterados para que no provoquen infección.

El organismo responde a una vacuna creando defensas inmunitarias (como anticuerpos y glóbulos blancos). Posteriormente, estas defensas evitan la enfermedad cuando la persona se expone a las bacterias y los virus infecciosos.

Las vacunas disponibles en la actualidad son altamente fiables y la mayoría de la gente las tolera bien. Sin embargo, no son eficaces en todas las personas y, en ocasiones, incluso pueden provocar efectos adversos.

Algunas vacunas se aplican casi de forma sistemática, por ejemplo, el toxoide del tétanos se administra generalmente a los adultos cada 10 años. Otras se emplean sobre grupos específicos de gente; la vacuna contra la gripe, por ejemplo, se aplica a las personas de edad avanzada que viven en residencias y a otras que corren un alto riesgo de desarrollar la infección vírica y sus complicaciones.

A los niños se les aplica una serie de vacunas de forma sistemática. Otras se dan después de la exposición a una causa específica; por ejemplo, la vacuna contra la rabia se le puede aplicar a alguien que haya sido mordido por un perro.

A los adultos que contraen una infección antes de poder ser vacunados o cuyo sistema inmunitario no responde adecuadamente a la infección, se les pueden administrar inmunoglobulinas, que están formadas por una mezcla de anticuerpos.

Vacunas habituales en los adultos

Dependiendo de sus circunstancias, a los adultos se les puede recomendar recibir vacunas contra el sarampión, la parotiditis, la rubéola, el tétanos, la hepatitis B, la gripe y las infecciones neumocócicas (especialmente la neumonía neumocócica).

Sarampión, parotiditis y rubéola

Toda persona nacida después de 1 956 que nunca haya tenido sarampión, parotiditis o rubéola y que no haya sido inmunizada con dos dosis de vacuna, pero que probablemente pueda exponerse a estas enfermedades, debe vacunarse. Por ejemplo, los jóvenes que comienzan la universidad deberían hacerlo. Las mujeres embarazadas y las personas alérgicas al huevo o al antibiótico neomicina no deben ser vacunadas.

Se puede recibir una vacuna especialmente dirigida contra el sarampión, la parotiditis o la rubéola. Sin embargo, la vacuna combinada es mejor porque toda persona que necesite protección contra una de estas enfermedades suele necesitarla también contra las otras dos.

Tétanos

Como las infecciones por tétanos suelen ser mortales, la vacunación es importante. Debe aplicarse una primera serie de tres inyecciones en un período de 6 meses durante la infancia, o bien en la edad adulta para quienes no hayan recibido ésta durante la niñez. Los adultos deberían recibir una dosis de refuerzo cada 10 años. La vacuna antitetánica está disponible de forma aislada o bien en combinación con una vacuna contra la difteria que se aplica en una sola inyección.

Hepatitis B

Cualquier individuo que corra un alto riesgo de contraer el virus de la hepatitis B debe recibir la vacuna correspondiente. En este grupo de riesgo se encuentran los médicos y otros profesionales de la salud, los trabajadores de los depósitos de cadáveres, las personas que reciben frecuentes transfusiones de sangre o hemodiálisis, las que se inyectan drogas, las sexualmente activas, las parejas sexuales de portadores de hepatitis B y cualquiera expuesto a este virus.

Normalmente, la persona recibe la vacuna una sola vez, en una serie de tres o cuatro inyecciones. Sin embargo, si alguien que haya sido vacunado resulta expuesto al virus, deben medírsele los anticuerpos que presenta. Si son bajos, es posible que necesite otra vacunación. Las personas con una historial de grave reacción alérgica a la levadura no deben recibir dicha vacuna.

Gripe

Los individuos con un alto riesgo de contraer gripe o sufrir sus complicaciones deben ser vacunados. Entre ellos se encuentran quienes viven en residencias, los mayores de 65 años, los médicos y otros profesionales de la salud. Otro grupo de riesgo incluye a los pacientes de enfermedades cardíacas o pulmonares crónicas, trastornos metabólicos (por ejemplo, diabetes), insuficiencia renal, hemoglobinas anormales (por ejemplo, drepanocitosis), un sistema inmunitario debilitado y quienes padecen infección provocada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

La epidemia de gripe suele comenzar a finales de diciembre o a mediados del invierno. En consecuencia, el mejor momento para vacunarse es en septiembre u octubre.

Infección neumocócica

La vacuna contra la infección neumocócica debe ser aplicada a las personas con un alto riesgo de tener gripe, a aquellas a las que el bazo no les funciona o les ha sido extirpado, a las afectadas de cáncer en las células sanguíneas, a quienes presentan pérdida de líquido de la médula espinal y a los alcohólicos.

La vacuna es eficaz en aproximadamente dos de cada tres adultos y es menos eficaz en la gente mayor. A pesar de que la vacuna probablemente ofrece una protección de por vida, a las personas de alto riesgo se les recomienda repetirla cada 6 años.

Vacunación previa a un viaje al extranjero

A los residentes de algunos países desarrollados se les puede pedir que se apliquen vacunas específicas antes de viajar a zonas que tienen enfermedades infecciosas que no se encuentran normalmente en su país. Existen centros e instituciones sanitarias oficiales que brindan la información más actualizada acerca de las vacunas requeridas, en sus Secciones para la Salud del Viajero.


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