SECCION 21 >
PROBLEMAS DE SALUD EN EL VARON
CAPITULO 230
Impotencia
La impotencia (disfunción eréctil)
es la incapacidad de iniciar y mantener una erección en al menos
el 50 por ciento de los intentos durante la relación sexual,
o bien la interrupción de los intentos durante la misma.
Causas
La impotencia puede estar provocada por un problema
vascular, trastornos neurológicos, ciertos fármacos, anomalías
en el pene o problemas psicológicos que interfieren la excitación
sexual. Las causas físicas son más frecuentes en los hombres
de mayor edad y los problemas psicológicos en los varones jóvenes.
La impotencia es un problema que se vuelve más frecuente con
la edad, a pesar de que no se considera una etapa normal del proceso
de envejecimiento. Por el contrario, aparece como resultado de problemas
subyacentes que se presentan frecuentemente en las personas de mayor
edad. Alrededor del 50 por ciento de los hombres de 65 años y
el 75 por ciento de los varones de 80 son impotentes.
Como el pene necesita un flujo adecuado de sangre
para alcanzar la posición erecta, los trastornos en los vasos
sanguíneos, como la aterosclerosis, pueden causar impotencia.
La impotencia también puede estar producida por un coágulo
de sangre o bien por una cirugía vascular que impida el flujo
de sangre arterial hacia el pene. En el 75 por ciento de los hombres
impotentes que presentan un funcionamiento neurológico y hormonal
normal, la sangre llega al pene de manera correcta, pero sale con demasiada
rapidez.
Las afecciones de los nervios que entran y salen
del pene también pueden provocar impotencia. Dichas afecciones
pueden tener causas muy diversas, como lesiones, diabetes mellitus,
esclerosis múltiple, ataques cerebrales agudos y fármacos.
La diabetes causa neuropatía periférica, un patrón
particular de daño nervioso y que es una causa muy frecuente
de impotencia, en especial en las personas de edad. El alcoholismo causa
una neuropatía periférica similar. Una enfermedad de la
parte inferior de la médula espinal y la cirugía del recto
o de la próstata también pueden causar daño a los
nervios del pene.
Los medicamentos son responsables de aproximadamente
el 25 por ciento de los casos de impotencia, en especial en los hombres
de mayor edad, que tienden a consumir más fármacos. Los
fármacos que más frecuentemente causan impotencia incluyen
todos los antihipertensivos, los antipsicóticos, los antidepresivos,
algunos sedantes, la cimetidina y el litio. El alcohol también
puede causar impotencia.
En ciertos casos, la impotencia tiene su origen
en trastornos hormonales. Las bajas concentraciones de testosterona,
por ejemplo, pueden provocar impotencia. Sin embargo, los valores bajos
de hormona masculina, que tienden a aparecer con el envejecimiento,
están más estrechamente relacionados con una disminución
del impulso sexual (libido).
Ciertos factores psicológicos, como la depresión
y la ansiedad, pueden derivar en impotencia, al igual que la culpa sexual,
el miedo a la intimidad y la ambivalencia respecto a la orientación
sexual.
Diagnóstico
Generalmente, la persona habla con el médico
de sus problemas de erección. El médico entonces indaga
acerca de los síntomas para estar seguro de que el problema es
la impotencia, y no otra disfunción sexual (como una dificultad
en la eyaculación). El médico pregunta si el deseo sexual
se acompaña de una erección completa y suficiente como
para mantener relaciones sexuales y si el sujeto tiene erecciones durante
el sueño o por la mañana al despertarse. Las respuestas
a estas preguntas pueden ayudar al médico a determinar si la
impotencia surge a raíz de problemas físicos o psicológicos.
El médico también repasa cualquier
antecedente de cirugía vascular, pélvica, rectal o de
próstata. Cualquier cambio en las características sexuales
masculinas (como el tamaño de las mamas, los testículos
y el pene) y los posibles cambios en el pelo, la voz, o la piel también
deben tomarse en consideración. El médico puede explorar
la posibilidad de que existan problemas psicológicos, como la
depresión o la ansiedad. Cualquier situación estresante
nueva, como un cambio de pareja o problemas de relación o de
trabajo, pueden ser un factor importante. El médico también
pregunta si la persona toma medicamentos (ya sea con o sin receta),
drogas o alcohol.
Se toman muestras de sangre para medir los valores
totales de testosterona y la cantidad de testosterona biológicamente
activa (utilizable).
Las deficiencias de esta hormona pueden provocar
impotencia, pero también generar crecimiento de mamas (ginecomastia),
pérdida del vello púbico y testículos blandos y
más pequeños. La medición de la presión
arterial en las piernas puede revelar un problema de las arterias de
la pelvis y de la ingle que llevan la sangre al pene. El médico
también puede determinar si la cantidad de nervios que llegan
al pene es aparentemente normal.
Otros análisis de sangre pueden ayudar a
identificar enfermedades comunes que pueden provocar impotencia. Por
ejemplo, un recuento completo de células sanguíneas puede
indicar la presencia de anemia y de infección, la determinación
de azúcar en la sangre (glucosa) o de hemoglobina glicosilada
puede ayudar a descubrir una diabetes y la determinación de la
hormona estimulante del tiroides puede indicar una glándula tiroides
demasiado activa o bien deficiente.
Los vasos sanguíneos del pene pueden ser
evaluados mediante una ecografía (un examen con ultrasonidos).
Otras pruebas consisten en la inyección de fármacos en
el pene para dilatar las arterias. Si la inyección no provoca
una erección o si la persona no puede mantenerla, puede significar
que las venas del pene tienen pérdidas o bien son incapaces de
retener la sangre en el pene.
Tratamiento
La impotencia, generalmente, se puede tratar sin
cirugía. La clase de tratamiento depende de su causa y del estilo
de vida de la persona.
Un ejercicio específico para quienes sufren
de impotencia por causas psicológicas es la técnica de
concentración de los sentidos, que consta de tres etapas. Esta
técnica se basa en el contacto íntimo y la calidez emocional,
y pone menos énfasis en el coito que en la construcción
de una relación. La primera etapa consiste en acariciar; la pareja
se concentra en darse placer mutuamente sin tocarse las zonas genitales.
En la segunda etapa se permite tocar las áreas genitales y otras
zonas erógenas, pero no se permite el coito. En la tercera etapa,
tiene lugar el coito. Ambos miembros de la pareja deben sentirse a gusto
en cada nivel de intimidad antes de pasar a la siguiente etapa. Si esta
técnica no tiene éxito, puede resultar apropiado recurrir
a la terapia del comportamiento sexual. Si la persona sufre de depresión,
el tratamiento con fármacos o la consulta con un especialista
pueden ser de gran ayuda.
Algunos medicamentos pueden aliviar la impotencia,
pero ninguno es completamente efectivo. La yohimbina no es mejor que
el placebo (una sustancia inactiva). La terapia de reemplazo con testosterona
beneficia a las personas cuya impotencia o pérdida de impulso
sexual se debe a unos valores de testosterona anormalmente bajos. La
testosterona puede ser administrada por vía inyectable, en general
una vez a la semana, o aplicada en un parche cutáneo. Esta hormona
puede tener efectos secundarios, como el crecimiento de la próstata
y un exceso de glóbulos rojos, que puede favorecer un accidente
vascular cerebral.
El sildenafil es un fármaco que se administra
bajo prescripción médica, y que se toma por vía
oral, para tratar los trastornos de la disfunción eréctil.
Provee una ayuda para la erección, al potenciar los efectos del
óxido nítrico en los vasos sanguíneos, aumentando
así el flujo de sangre hacia el pene. El fármaco genera
una respuesta eréctil más fisiológica, ya que funciona
sólo bajo una excitación sexual concomitante. Debe ser
tomado entre 30 y 60 minutos antes de la relación sexual y no
puede ser utilizado por personas que estén tomando nitratos,
ya que, en este caso, puede ocasionar un descenso peligroso de la presión
arterial.
Se utilizan con frecuencia vendajes y dispositivos
de vacío para lograr y mantener una erección, aun cuando
no sean apropiados para aquellas personas que padecen enfermedades hemorrágicas
o que toman fármacos anticoagulantes. Los vendajes (como bandas
y anillos hechos de metal, goma o piel) se colocan en la base del pene
para hacer más lenta la salida de la sangre. Estos dispositivos,
creados específicamente para tal fin, pueden ser adquiridos en
las farmacias con receta del especialista, pero existen versiones muy
económicas, que pueden comprarse en establecimientos de artículos
sexuales. Para la impotencia leve, un simple vendaje puede dar buenos
resultados.
Los dispositivos de vacío (que consisten
en una cámara hueca y una jeringa, una bomba o un tubo) se colocan
sobre el pene fláccido. Se crea el vacío usando la jeringa
o la bomba, o bien aspirando por el tubo. La presión que produce
el vacío ayuda a conducir la sangre hacia las arterias del pene.
Cuando el pene está erecto, se coloca un vendaje para evitar
que la sangre salga de las venas. Esta combinación de dispositivos
puede ayudar a un sujeto impotente a mantener una erección de
hasta 30 minutos.
En ocasiones, el vendaje causa problemas de eyaculación,
en especial si está demasiado ajustado. Por razones de seguridad,
la persona debe quitarse el dispositivo al cabo de 30 minutos. Los dispositivos
de vacío pueden causar hematomas si se usan con demasiada frecuencia.
Sin embargo, ambos se consideran seguros.
La impotencia también puede ser tratada con
inyecciones de fármacos específicos autoadministrados
directamente en el tejido eréctil (cuerpo cavernoso) del pene.
La erección tiene lugar entre 5 y 10 minutos después de
la inyección y puede durar hasta 60 minutos. Los efectos secundarios
pueden ser hematomas y dolor. Además, las inyecciones pueden
causar una erección dolorosa y persistente (priapismo).
Cuando la impotencia no responde a otros tratamientos,
un implante peneal permanente o bien una prótesis pueden ser
útiles. Los dispositivos permanentes resultan especialmente beneficiosos
en los casos de impotencia crónica causada por la diabetes. Existe
gran cantidad de implantes y prótesis, y todos requieren una
inserción quirúrgica. Uno de estos dispositivos consta
de varillas rígidas que se insertan en el pene para crear una
erección permanente. Otro consiste en un globo inflable que se
inserta en el pene; antes del coito, el sujeto infla el globo. En general,
esta cirugía requiere al menos 3 días de hospitalización
y una convalecencia de 6 semanas.
Las técnicas quirúrgicas que restablecen
el flujo de sangre al pene se encuentran aún en fase experimental.